Nota Editorial

Quise o no quise. Pero a veces

me quisieron. También a mí

me alegraban: la primavera,

las manos juntas, lo feliz.

Epitafio (fragmento), Juan Gelman

 

 

Dicen que nadie siente la saudade como los portugueses; que nadie tiene ese sentimiento más fundido en el cuerpo. Pero esa saudade la siente todo aquel que espera ese paseo que nunca llega; aquel que espera el sol, el cielo, un regreso. Es un dolor impreciso pero punzante, permanente, que sólo conoce quien no tiene más opción que esperar.

Saudade por quien se ama, por la tierra lejana. Saudade por ese tiempo perdido. Por una paz que se anhela.

Caroline Michaëlis de Vasconcelos, en su obra A Saudade Portuguesa, la define como el recuerdo de haber disfrutado en tiempos pasados que no van a volver; la pena de no disfrutar el presente, o de disfrutar solo el recuerdo; y el deseo y la esperanza de, en el futuro, volver al antiguo estado de felicidad.

Tranvía recopila una serie de textos que nos hablan con la pena agridulce y, al mismo tiempo, desesperante de la añoranza. Esperamos los disfruten.

ADL

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