Cuando hallen las sombras

Cuando hallen las sombras

O como todo rostro es uno mismo. Aunque esté narrado en tercera persona.

 

cuando hallen las sombras
Cuando hallen las sombras, Surplus Ediciones, 2012

Únicamente donde haya palabra habrá mundo y solamente donde haya mundo hay historia, afirma Heidegger, Nuestras bocas están llenas de palabras de otros dice una de las voces, uno de los hilos diegéticos que tejen esta historia que no es unívoca ni lineal, sino más bien una yuxtaposición de historias y tipografías heteróclitas, un polifónico entrecruzamiento de tránsitos y territorios, una exploración por las múltiples maneras de habitar.

  1. Un paréntesis dentro de otro paréntesis, un guiño que se cuela en el hablar.

Cada lluvia es todas las lluvias anteriores y pienso que somos la corteza de un árbol, esperando siempre la primera lluvia para reverdecer. Con un flujo acompasado, como el de una lluvia que no amaina o la corriente continua de un chorro de agua que encuentra cauce entre nuestras manos mientras lavamos los platos en el espacio doméstico, la narrativa de Tania Barberán nos conduce por intersticios urbanos y temporales que van del presente al pasado como quien tuviera la facultad de poder recordar el futuro: por estaciones del metro y de café en café, por carreteras y aeropuertos, por puentes y abismos,  por mitos y sueños, por fragmentos de conversaciones antiguas y de epístolas que esperan ser leídas, por comunidades y escrituras, por cuentas regresivas y hacia las señales de un fin del mundo que no es sino el atisbo de un posible principio.

Como si al quitar la cáscara a una naranja descubriésemos otra naranja adentro. O como si las sombras proyectaran a su vez una suerte de eco o réplica de sí mismas. Las historias y los personajes que se intersectan discursivamente van abriendo resquicios que conectan con otras geografías y devenires, entretejiendo un entramado de lugares y temporalidades, de contextos y enclaves que se ramifican como sucesos diacrónicos y simultáneos.

Una mujer hace llamadas telefónicas al vacío. Otra es amada sin saberlo. Un hombre se ve impelido a elegir entre su vida y una de sus extremidades. Otro quiere cambiar el mundo y esgrime para ello principios incuestionables. Una mujer habla del monstruo que lleva dentro, de su dolor y de la certeza de que morirá sola. Otra,  postrada en una silla de ruedas, espera una indemnización que demora en llegar. Un hombre utiliza una liana para cruzar los precipicios. Otro coloca un mapa de Vietnam en la pared de su cuarto. Una mujer configura un nuevo sistema de símbolos. Otra confía en el poder curativo de las palabras. Un hombre y una mujer beben café una y otra vez como si fuesen una ejemplificación del eterno retorno. Otra mujer y otro hombre trazan complicidades y coincidencias a la distancia. Un hombre dialoga con las sombras. Otro busca una parte de sí aún que le pertenece y le dará la paz. Una mujer deshabita sus sombras. Otra es sombra esquiva que no halla sitio donde posarse.

Un hombre llamado Nadie viaja por sus recuerdos montado en una bicicleta fija que va hacia atrás en lugar de ir hacia adelante. Lo acompaña Persio, su perro y testigo. ¿Es su viaje un periplo? Nadie deambula por la ciudad de México, por su propia vida y por las vidas de todos esos otros que le son significativos. Todo esto mientras como música de fondo uno puede escuchar a Patti Smith, Lou Reed, Tom Waits, Bob Dylan y a los Beatles. Todo esto mientras vamos de un registro a otro, de una voz a otra sin mediar más que por el cambio de luces tipográfico. Impulsados por un anhelo de captura de lo cotidiano, de lo ajeno y lo propio. Un cuaderno de viajes y ventanas, de perímetros y fracturas, de abordajes y trasbordos. Un registro exhaustivo de conexiones improbables.

II. ¿Qué es habitar?

Pienso en una cartografía de ciudades, cuerpos y memoria. En el imperativo de inventar o de apropiarse de un lenguaje. En la premura por residir o anidar en un territorio, por recorrerlo, por reconocerlo en sus marcas y señales. Las fotografías que Tania usa como antesala o epígrafe en cada uno de los capítulos de este libro remiten a la necesidad literal de reescribir nuestros entornos, de reescribirnos a nosotros mismo en sus paredes, en sus calles, a través de palabras que den testimonio de un habitar que nos es común. A quién pertenecen las historias detrás de cada muro donde alguien ha escrito una consigna, un verso, una invitación tan simple y al mismo tiempo tan provocadora como: Mirémonos; o una declaración de absoluta permanencia como: Este espacio queda. Cada una de estas frases son puentes que alguien tiende hasta nosotros. Grafías evanescentes que ponen de manifiesto el deseo de registro, la urgencia de miradas.

Cuando hallen las sombras es una ciudad y también muchas ciudades y el mapa de esas ciudades y cada uno de los hitos del tránsito por éstas. Somos nuestros espacio vital, un espacio que se extiende y abarca objetos y aconteceres cotidianos. Una suerte de ubicuidad en todo aquello que tocamos con el cuerpo o el lenguaje, con aquello que somos cuando somos un nosotros, con otros, en otros. Yo ya no soy yo, me interpela el mensaje escrito con aerosol. Habitar es construir. De eso habla esta novela, en ello nos implica.

Sara Uribe

@RaraUribe

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