Hanami en la Ciudad de México

Por Carlos Yeverido

HANAMI: Término japonés para referirse a la tradición de “ver las flores”. Se asocia a la belleza del florecimiento de los cerezos, hecho que se da de sur a norte en el territorio de Japón, a finales de marzo y a principios de abril. Época que propicia las reuniones familiares para contemplar juntos el renacer de los cerezos.

 

“¿Lo sabías? La velocidad con la que las flores de cerezo caen… A cinco centímetros por segundo… A esa velocidad, ¿seré capaz de verte otra vez?”

***

“Al igual que las flores de cerezo van cayendo, las personas se van separando cinco centímetros por segundo.”

(Byōsoku Go Senchimētoru, Makoto Shinkai, 2007)

 

 

Hanami en la Ciudad de México

 

***

 

Yo no sé de olores, el olfato me falla. Los demás sentidos, en cambio, constituyen gran parte de mi memoria. Mis recuerdos se reproducen con fotografías, texturas, videos y grabaciones de audio, mentales.

 

***

 

{Conversación de whatsapp}

C 07/04/2016 2:07 pm: ¿En Monterrey no tienen jacarandas?

No contesté. Supongo que sí.

C 07/04/2016 2:24 pm: Siempre que veo las jacarandas me acuerdo de ti.

 

***

 

En estas fechas todo mundo habla de las jacarandas. Las redes sociales se llenan de fotografías saturadas de filtros que resaltan el verde y lila del paisaje, pienso en ello como un breve hanami mexicano. Cada año es igual. El color, el aroma y el recuerdo renacen para volver a morir antes de que termine abril. Lo mismo en la Ciudad de México como en mi mente.

 

***

 

{Caminando por las calles de La Condesa}

C 01/04/2013 4:58 pm: ¿Lo sientes?, ¿el aroma?

A 01/04/2013 4:59 pm: ¿Aroma? Primavera y alergias, ¿recuerdas? No huelo nada.

Silencio.

C 01/04/2013 5:04 pm: Huele a verde y lila.

 

***

 

Este hanami me transporta al tacto de sus manos; me devuelve al bochorno y al sol tras la lluvia de aquel paseo, al vapor del asfalto en las calles de la Condesa y de Polanco; me deja en la lengua el sabor de los tacos de canasta y el consomé de barbacoa.

Abril me refresca como la lluvia verde y lila de aquel nombre. Él me mostró por primera vez el aroma de las jacarandas: aroma a mariposas en el vientre, a sonrisa de desconocido. Las jacarandas huelen al abrazo del reencuentro o al de la despedida; así huele leer poesía en voz bajita mientras esperas un vuelo.

Abby García

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