Mensajes de texto

Hace algunos años, me detuve en la escalera hacia la estación del metro, no recuerdo con quien había quedado ese día a las cuatro en punto. Minutos más o minutos menos, esperar es a veces inevitable.

El camión puede demorarse, los semáforos iluminar de rojo o incluso una lluvia inesperada puede inundar las calles y deba esperarse la calma. Tampoco estoy exenta a las trampas de la impuntualidad, me pasa también y es vergonzoso. Entiendo que pase. Así que esperé. ¿Qué podía hacer mientras? Disfrutar la espera fue la elección que tomé en ese momento.

Un joven, pienso que de mi edad en ese entonces, se recargó a un par de metros. Parecía esperar también.

Me gusta observar e imaginar. Lo hice y me inventé una historia. No demoré más de un minuto en un climax y final adecuado. Ya conocía la trama.

¿Todas las personas hacen eso? Creo que en algún momento de su día lo hacen, inconscientemente. Lo hacen al relacionar lo que observan con un recuerdo o situación de su vida. No todos lo escriben, aunque pudieran hacerlo. Yo lo hice ese día. No escribí la historia, pero escribí lo que sentí. Tomé mi celular y envié un solo mensaje de texto: “Te extraño”.

Sí, ver a ese joven me empujó a hacerlo. Simple. Conciso pero suficiente.

Mucha gente piensa que no tiene la capacidad para expresar sus sentimientos con palabras, mucho menos escritas, pero me he dado cuenta que todos tenemos, en diferente medida, la inquietud del escritor. Claro, esas fueron dos palabras comunes y no se pensó por mucho tiempo para lograr darles sentido. Detonaban por sí solas el significado correcto.

Pero, buscando en lo más hondo de su ser, a veces las personas comparten sentimientos sin pensar que escriben, sólo teniendo en mente que es una respuesta o un comentario. O, en mi caso en ese momento, una emoción desesperada por salir.

He recibido las palabras más hermosas dentro de una conversación casual por whatsapp. No de amor solamente, de amistad e intimidad, de sueños y pensamientos, que me hacen comprobar que cada uno puede ser tan poético como las emociones del momento lo permitan.

La persona no necesita tener el gusto por tomarse una tarde en un café y tomar un bloc de notas y tinta para vaciar sus pensamientos. O encender la laptop bajo la luz de una lámpara de escritorio y teclear hasta que esté entrada la noche. Basta de clichés.

Hoy, hace años que no sé de él. Pero escribí y respondió casi de inmediato: “Yo no necesito que pase mucho tiempo, siempre te extraño”.

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