Cuando en noviembre hacía frio

Son casi las ocho de la mañana. Es sábado, ayer fue quincena. Cuatro pesos marca la maquinita, si no, no se abre para pasar el puente. La fila de gente es larga, los vendedores pasan a mi lado –agua, jugos, churritos, dulces–, quieres todo cuando no has desayunado.

Empiezo a recordar un noviembre de hace años –muchos años– una mochila pegada a mi espalda. Una chamarra gruesa porque me dijeron que en Real de Catorce hacía mucho frío, y con suerte tocaba ver nieve. Recuerdo la central, el autobús lleno de aromatizante de esos chafas, baratos de galón. Un café al que le buscas el humito para saber que sí está caliente porque en serio, en esos años, en noviembre hacía frío.

El río pasa bajo mis pies. Es sucio, huele mal. Se roba a mucha gente. Y esta fila no avanza mucho. Canta la señora ciega y el señor toca la guitarra dejando que lo agarren del hombro para ser un guía. Una ayuda madre, una ayuda para comer, me dice mientras suena su vaso con algunas monedas y comienza la canción.

Aviento siete pesos y la canción me recuerda el camino empedrado de San Luis donde no se pueden usar audífonos porque los oídos duelen. El túnel Ogarrio frente a mí. Lo puedes pasar caminando pero hay una leyenda que dice que un minero se aparece. Para qué arriesgarse. Y al final del túnel una luz. La luz rebota en casas de piedra y pequeñas tiendas de recuerditos. En serio, los noviembres de hace años eran fríos.

La fila va lenta pero sí avanza. Los carros también van lento y los perros los olfatean. Hace tres metros que ya no estoy bajo la sombra. El sol quema. Debí traer sombrilla, lentes, bloqueador, un agua de horchata. Lo vendedores se quedaron atrás. En la sombra. No quiero que mi cuerpo sea sombrilla de nadie, el sol está fuerte pero no quiero a nadie tan cerca.

Al sol lo cargo a mis espaldas y recuerdo aquella noche de noviembre. El cielo había robado todas las estrellas y las había depositado a unos metros arriba de los cerros. Un café en vaso de unicel y un pan duro. La señora me lo advirtió –aquí, por el frío el pan se pone tieso, pero te aseguro que es de hoy–, no había humito en el vaso.

Abro la puerta y el aire acondicionado me da escalofrío. Pasen cinco, por favor, nos dice el de seguridad. La visa la tengo en la mano. ¿A dónde va? me pregunta. Aquí, a Hidalgo a las tiendas. ¿Algo que declarar? No, contesto.

Mi mochila pasa por los rodillos y sale del otro lado. La echo al hombro y empujo la puerta. Solo cambiaré pocos dólares porque anda muy caro. El sol está terrible. El recuerdo de noviembre se empieza a ir. Es el calor el que me provocó recordar que en noviembre sí hacía frío.

Asenat Velázquez Jiménez

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One thought on “Cuando en noviembre hacía frio

  1. Mi hijo mayor nació en septiembre en 1995. Recuerdo que en sus cumpleaños ya hacía frío y lloviznaba. Pobre, le daba mucho coraje. El desfile de primavera siempre se suspendía por culpa del invierno, que se negaba a dejar Reynosa. Un placer leerte, Asenat: recordé.

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