Cuidado con el tren

Fue hace unos días. El tren se deslizaba y su ronco sonido se oyó hasta donde estaba estacionada en el semáforo. Pensé que no llegaría a tiempo para pasar. Es puntual, siempre a las nueve en la mañana. Avancé hasta llegar a las vías donde ya estaban algunos carros inmóviles. A mi vista se asomaba la gran cabeza que arrastraba vagón tras vagón como un gusano. Su sonido fuerte daba el aviso de que pasaba. En el carro de a lado, un señor levantaba las manos y movía la cabeza, era claro que iba tarde a su trabajo y el tren lo estaba retrasando aún más. Apagué el coche. Dos maderas cruzadas con letras borrosas decían: Cuidado con el tren.

Pensé, qué pasaría si el tren, ese gran monstruo, pudiera llevarse con él lo que quisiera. ¿Qué echaría a su carga? ¿Qué desearía que se fuera lejos?

Vi pasar el primer vagón y quise echar ahí algunas de mis tristezas, esas que aquejan el pasado, que se anclan y no se quieren ir a ningún lado. Los llantos solitarios. El dolor que talla el alma.  En el vagón 26 mi hastío, mi indiferencia, mi falta de voluntad. Los malos momentos que una y otra vez rebotan en mi cabeza. Las palabras que llevan un mal sentido. En el vagón 48 mis pensamientos pesimistas. Y una que otra persona, por qué no.

El tren seguía pasando. No tenía fin. Al ver cada uno de sus vagones pensaba en todo lo que quería que se llevara de mi vida. Sí, ese día me había levantado de pocas ganas y nulas sonrisas.

Pero, ¿y si se lleva todo? ¿Y si me quedo sin nada? Mi corazón se aceleró al pensar que me quedaría vacía.

Fijé la mirada donde daba inicio ese enorme y ruidoso monstruo. Y vi cómo saltaban por los lados todo eso que yo acababa de subir con el deseo de que se fuera lejos. Los vi correr de regreso hacia mí, y mi corazón se tranquilizó.

Todas las noches desde mi casa se escucha el ronco sonido del tren. Y lo imagino cargado de esas cosas que la gente no quiere. Imagino su andar en la oscuridad, entre los árboles, apagando el ruido de los grillos, rompiendo el melodioso y calmado aire de medianoche. En mi cama lo escucho irse, con mis tristezas echadas al suelo.

Asenat Velázquez Jiménez

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