Al filo del algoritmo

Algoritmo: Conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema.

 

Soy más inteligente que mi teléfono.

Lo descubrí todo.

Pasaba por un mal momento de la vida en que me sentía perdida, triste, defraudada con un riesgo real y verdaderamente preocupante de volverme una amargada. Lo noté en el florecimiento involuntario de innobles sentimientos: envidia de la mala, poca paciencia ante lo que fuera (incluidos tiernos bebés y música a volumen festivo), tendencia a la victimización (“¿por qué a mí todo siempre y en estampida?”). Por más que le echara ganas sentía que avanzaba un paso, retrocedía tres y las soluciones se desdibujaban en el horizonte, se antojaban inalcanzables como ballena gigante de novela clásica.

Tal vez ese estado de vulnerabilidad fue el que me hizo darme cuenta. En un primer momento lo capté de manera casi imperceptible a través de ciertas coincidencias. Si por ejemplo estaba pensando en cómo odiaba a los perros, me la pasaba tropezando en la calle con las babeantes criaturitas. Si mi mente se fijaba en cambio, en la proliferación del parque vehicular, me veía inmersa en tráficos de horas o accidentes automovilísticos dignos de película.

Eso no hubiera levantado mis sospechas porque no era dada a creer en conspiraciones, pero como siempre pasa cuando los planes de dominación tienen éxito, se engolosinaron con su sistema y lo pusieron justo enfrente de nuestras narices.

La verdad es que la idea es genial, el error tal vez haya sido hacernos conscientes del papel tan activo que jugamos en el plan. Nos dieron acceso al teléfono, computadora o dispositivo de nuestra preferencia para empezar a recolectar y recordar la información y a partir de ahí comenzar a relacionarla y hacer inferencias bastante eficientes de nuestros siguientes pasos. De ahí que los distintos programas “crean” y tengan razón en que tal canción, lugar o incluso persona podrían gustarte. El responder que no, por cierto, sólo afina más la puntería para la próxima ocasión. Y esto lo hacen a través de nuestras propias manos, gastando nuestro otrora precioso tiempo.

No es el caso desechar la tecnología, ésta solo simplifica el proceso, pero la fórmula existe y funciona desde mucho antes, es una cuestión de simple matemática.

Y no soy la única que lo sabe. Todos esos charlatanes que hablan de atraer las cosas buenas hacia ti, de que los pobres lo son porque así lo quieren, del “secreto”. ¡Ese es el secreto!

Yo podría aprovecharme, pero no es mi estilo, sólo les advierto para que no se angustien, ni anden por la vida con agobios innecesarios. Todavía no sé si haya una salida. Lo estoy intentando, pero mucho más tranquila. Tomar conciencia es el primer paso, los subsecuentes, erráticos aún, ya no buscan soluciones, sino escapar de ellas.

Catalina Kühne Peimbert

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