17 de octubre, Día de la Escritora

Palabras mágicas 

Catalina Kühne Peimbert

El momento en que dijo la primera palabra habrá parecido insignificante para los que estaban ahí reunidos. ¿Cuál habrá sido? Obedeciendo a ¿qué urgencia? O no había tal, sino que fue el resultado natural de la evolución de la humanidad. Estaba predestinado que tarde o temprano empezaríamos a hablar y a escribir. A designar con sonidos y letras todo lo que nos rodea. Supongo que se han hecho estudios al respecto y tampoco dudo que exista una polémica acerca de qué fue antes, la palabra o lo que elige explicar.

¿El nombre nos da existencia? No lo sé, pero por lo menos nos distingue de todo lo demás.

Total que, y siguiendo con esta idea evolutiva, un buen día nos encontramos con que teníamos muchísimas palabras y además de nombrar, podíamos combinarlas para que sonaran más bonito, contar historias de penas, alegrías y aventuras. Escaparse de la realidad… ¡inventar mundos!

Entonces nacieron los escritores, así les pusieron de profesión a las personas que se dedicaban a eso. Y sí, en inglés no se distingue y sí, hasta la Academia de la lengua que es la que sabe, dice que escritores abarca hombres y mujeres por igual y sí suena chocante decir las escritoras y los escritores, sobre todo para alguien que se diga escritor. (“chiquillos y chiquillas” vienen a la memoria).

Pero imaginemos por un momento un mundo en donde nunca les llamen por su nombre. ¿Cuál es? ¿Juan? ¿David? ¿José? Pues nanay, de ahora en adelante son parte de “los chavos”, “ellos”, “la palomilla” o cuando les llaman sólo les dicen: “Hey tú”, “joven” o aun peor: “cht, cht”. Imagino que se sentirían mal, nada especiales, unos auténticos Don Nadie y eso aún es una especie de nombre.

Hagamos el ejercicio al revés. ¿Qué tal que cada vez que se menciona algo aparece ante nuestros ojos? El amarillo, la belleza, la luz. Y sí, las palabras son como una varita mágica que logran quitarnos las vendas de los ojos para darnos cuenta de que algo existe.

Por eso hay que nombrar más a las escritoras, a las mujeres y de pasada a los niños y a las personas con discapacidad, a todos y todas.

Medio chocante por un rato, pero después de que logremos normalizar nuestra existencia, podremos enfocarnos a nombrar también los miedos y los prejuicios, para saber bien por dónde pegarles.

***

Seres humanos

Alisma De León

¿Por qué tanta necesidad de foco? ¿Por qué tener que hacer un día de la escritora? ¿No es eso ya demasiado mamón? Ésas eran de las cosas que me decían cuando platicaba acerca de la posibilidad –cuando este movimiento era eso: una posibilidad– de instituir un Día de la Escritora. Y no puedo decir que esos juicios me sorprendieran o no supiera qué los hacía estallar en mis narices. Sé que son el resultado de algunas acciones radicales que yo misma he visto y que incluso me han obligado a replantearme si soy o no feminista. Porque toda radicalidad me hace dar un paso hacia atrás. Eso me pasó en aquel hashtag del acoso en el que observé a algunas mujeres ofenderse porque personas de la comunidad gay se sumaban a la denuncia, ellas alegaban que era SU momento y de nadie más, que si quienes querían manifestarse eran hombres entonces no cabían y que armaran ellos su propio movimiento.

Y es que yo concibo al feminismo como un proceso de integración para lograr que ambos sexos convivan en armonía y exploten al máximo sus diferencias. Porque sí, hombre y mujer somos psíquica y físicamente distintos pero ambos poseemos la misma capacidad de desarrollo. Las posturas radicales nos hacen perder el enfoque, y si lo perdemos, somos incapaces de apreciar nuestros avances y olvidamos el camino que han recorrido, por nosotras, infinidad de mujeres.

Porque pasos se han dado pero han requerido demasiado esfuerzo. Pongamos un ejemplo: el voto a la mujer en México se otorgó en 1953. Hace tan solo 61 años. Sesenta y uno. Muchas de nuestras abuelas –apenas dos generaciones atrás– ni siquiera vislumbraban esa posibilidad. Y, al menos a mí, al haber nacido después de 1953, me parecería inimaginable vivir en un país en el que se me prohibiera caminar hacia las urnas y depositar en ellas mi decisión.

Existimos, pues, en un mundo en el que ya hay ojos abiertos y dispuestos a voltear hacia los lados, pero en el que todavía prevalece cierto grado de miopía ideológica. Una miopía que se vuelve un respeto que a veces se da y otras no; a unos sí y a otros no. En el que se incluye pero muy poco.

Por eso cuando me preguntan si no me parece demasiado esta creación de un Día de la Escritora, me detengo a pensar en todo esto y concluyo que no, que no me lo parece porque aún debemos dejar constancia. Porque para eso es el Día de la Escritora. Para decir como mujer: aquí estoy. Para otorgar una mirada distinta y quitar ese halo de indulgencia que –aunque algunos lo nieguen– nos rodea a las mujeres.

Requerimos un mundo que incluya a todos –hombres y mujeres por igual–, necesitamos nombrarnos todos para así comenzar a vernos más allá de las barreras de género y como lo que somos: seres humanos.

***

Nos hace falta feminismo

Abby García

Cuando me contaron sobre la iniciativa de establecer el Día de la Escritora, la verdad no quise pensar mucho al respecto. Dejé que la idea flotara con la esperanza de que se fuera. Porque no soy feminista, pero sí creo que nos hace falta feminismo. Luego de darme cuenta que la idea no se alejaba, decidí analizarla un poco.

Porque no seré feminista pero soy lectora, al menos una que se sale de la estadística promedio en mi país. Aun así, la mayoría de los libros en mi repertorio son de autores varones. Y me atrevo a decir que esto le pasa a muchos –si no es que a la mayoría– de los lectores.

Entonces, más que ver al Día de la Escritora como una iniciativa meramente feminista, lo retomo como un movimiento literario. Si nos detuviéramos a pensar, ya no todos los lectores, sino por lo menos todas las lectoras, en cuánta literatura escrita por mujeres hemos leído y nos diéramos a la tarea de ahondar en ella, lograríamos posicionarla en un nivel en el que no requeriría siquiera comparación.

Porque en una sociedad que aún posee tantas tendencias machistas y pese al esfuerzo y logro de muchos otros movimientos, nos hace falta feminismo. Somos nosotras mismas quienes más daño le hacemos al género con nuestra ignorancia; ésa que creemos inofensiva pero que es ciertamente misógina. Nos hace falta feminismo para saber en qué estamos fallando y en qué nos está fallando la sociedad.

Por eso creo que el Día de la Escritora es hacer conciencia, es recordarles a mujeres y hombres que aunque la literatura no tiene género, existe literatura machista y mucha de ella es preferida por el público femenino. Porque, además, todavía hay quien va por el mundo pensando que lo que escriben las mujeres es o debe ser soso, romántico –con una falsa idea de romanticismo– o aburrido.

Más que un logro feminista, el Día de la Escritora debe considerarse un triunfo para la literatura. Después de todo, los libros son un arma contra la ignorancia. Y qué mejor arma contra el status quo que la literatura escrita –a conciencia— por mujeres.

***

Los registros que nos faltan

Mónica Flores Lobato

A los trece años me caían muy mal esas divisiones que ponían de un lado a las mujeres y del otro lado a los hombres. ¿Qué no éramos iguales? Entonces pensaba que mi cuerpo no condicionaría absolutamente nada en mi vida y la “sensibilidad-femenina” me sonaba a algo que había que quitar, como los adjetivos.

En la mente todo puede estar “muy igual” pero cuando el cuerpo se nos llena de curvas y de hormonas, se viven experiencias específicas de peligro, injusticia o privilegios sólo por ser mujer, la estupidez nos pide una cuota de vergüenza por nuestros deseos sexuales, cuando tenemos que decidir entre ser o no ser madres, cuando se sangra, cuando descubrimos la alquimia de la voluptuosidad o nos familiarizamos con nuestros registros de vulnerabilidad y de fuerza, ya se ve que este grupo, las mujeres, acumularemos una pila de historias distintas a las del conjunto de historias de los hombres.

Para mí, lo mejor de que exista un Día de la Escritora es la convocatoria para leer y hablar de escritoras, sus aportaciones y hacernos preguntas. Llevamos siglos perdiéndonos de una variedad irrepetible de miradas y sensibilidades que podrían haber surgido sólo desde mujeres. Necesitamos ampliar nuestro repertorio y registro emocional como estrategia posible contra la barbarie. ¿Quiénes y cómo somos en sus, nuestros relatos? ¿Cómo es este tiempo desde la mirada de ellas, nosotras? ¿Dónde está lo importante?

Ahora sé que la igualdad debe estar en las oportunidades, no en la uniformidad. ¿Cuántas formas de mirar y de sentir habrán desaparecido sin registro escrito alguno por no haber estado dentro de la estética de la sensibilidad dominante y con ellas, las posibilidades para todos de ser otros?  Más completos, mejores.

 ***

Miramos al lado equivocado

Brenda Navarro

¿Siempre estamos mirando a otro lado? Las listas de los libros más vendidos, de los escritores más recomendados, de los eventos y presentaciones de libros en la ciudad, de las entrevistas y los sesudos textos que escriben los escritores consagrados, de los ingeniosos tuits de los que tienen más seguidores y de una que otra diatriba que por lo que dijo el otro se ha armado el Trending Topic en redes sociales para nuestro morbo. Se habla mucho de literatura y para fortuna nuestra, se escriben muy buenos libros, y para mucho mayor algarabía, muchas mujeres se han estado apropiando de las redes sociales y cuando es posible de los espacios públicos. No estamos aisladas, aunque es posible que estemos mirando a otro lado. Todos los días puedo entrar a mis redes sociales y leo sobre alguna escritora o un proyecto que involucre feminismo, porque si de algo va ahora mismo la urgencia de las mujeres que se preocupan por el bienestar de otras mujeres es de cuidarnos: los feminismos de ahora, casi todos, en sus devenires actuales actúan para crear redes, para conectarnos, para vernos las unas a las otras, para cuidarnos. No estamos solas, quizá estamos mirando a otro lado.

En el caso del #DíadelasEscritoras convocado por La Biblioteca Nacional de España y en colaboración con la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE) y la Asociación Clásicas y Modernas para la igualdad de género en la cultura; la respuesta ha sido tan positiva como que en México, en diversas partes del país se harán actividades relacionadas con el tema. Tal es el caso de la Revista Tranvía que se une a la primera conmemoración del día de las escritoras porque su directora sabe de la dificulta que existe entre el deseo de querer escribir, poder hacerlo, buscar publicarlo, y luego que lo publiquen, si bien te va, y luego distribuirlo o hacerle difusión.

Hace un tiempo, platicando con una escritora joven, mexicana, publicada y reconocida, hablábamos de si existe o nos creamos la necesidad de querer ser parte del medio literario, entiéndase como parte de quienes pueden publicar y recibir un pago y seguir escribiendo, y de cómo esto puede hacer que nos minemos nuestro tiempo de gestión de relaciones públicas, en detrimento de nuestro tiempo para escribir. Tiempo para escribir: el cuarto propio de la Wolf, que en la actualidad se traduciría en la autonomía propia con niñero incluído y que contendría de mínimo: la importancia de tener un trabajo remunerado que nos permita comer y vestir y sobrevivir en el mundo, la necesidad de tener un lugar donde dormir, donde descansar y convivir con nuestras redes de afecto; un tiempo de ocio para desconectar con la vorágine del día a día y por supuesto, un tiempo y un espacio en el que podamos sentarnos a escribir no por hobbie sino por recreación literaria. (Recreación literaria, aplíquese las descripciones, críticas o discursos que se crean necesarios.) Re-creación literaria como trabajo intelectual, fuera de la descendencia, en caso de tenerla, o de la ascendencia en virtud de vivir en un mundo donde a las mujeres, por lo general, les toca cuidar de padres y madres que ya sea por enfermedad, edad o ausencia de pensiones, se vuelven vulnerables. Vulnerables, como los temas de los que se ocupa la literatura, y de la que los hombres se dan el lujo de poder hablar sin ningún temor porque hay alguien, que por amor o por una cantidad de dinero, les lava los calcetines y les sirve el café.

A la conclusión que llegamos, no fue a la de dolernos, sino por el contrario, la de ocuparnos: OCUPARNOS de los modos de producción editorial, ocuparnos de hablar de esto, no dejar que el miedo que sienten algunos hombres y que se traduce en agresiones nos reste tiempo y esfuerzo. Ocuparnos de seguir escribiendo, de empezar a cuestionar nuestras condiciones en y frente al mundo; hablarlo con otras escritoras, reconocernos escritoras, dejar de mirar a otro lado: leernos, compartir nuestras lecturas, cuestionarnos, movilizarnos, conmemorar los días de las escritoras, cuestionar las condiciones laborales, la satanización del tiempo de ocio, dejar la maternidad ejercida o no para luego, compartir espacios, ser escritoras, dejar de darle una importancia innecesaria a ese lado que no nos mira, que no les importa, que no se quiere mover. Crear, recrear nuestros propios espacios, fortalecernos. Parece imposible, pero lo estamos haciendo, sólo pasa que a veces estamos mirando al lado equivocado.

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