Libros correctos

El primer libro que leí a conciencia, sin que nadie, ni un maestro me invitara a hacerlo para obtener una calificación, fue escrito por un autor al que la mayoría de mis amigos lectores consideran una ofensa literaria.

En cada taller o grupo de lectura es común que te pregunten tu género favorito o tu autor predilecto, y suelen agregar: ¿qué te impulsó a leer?

La sesión del primer taller al que asistí comenzó con la clásica presentación a  cada uno de los asistentes y el maestro incluyó esta esa particular pregunta.

Era el turno de un chico de cabello largo. Habló de Stephen King. Yo ya  había escuchado de él, por supuesto, y todo mundo decía que era el mejor. Mi compañero no fue la excepción, habló del autor como uno de los mejores escritores del género. Lo que llamó mi atención fue que, después de alabar su gran talento, hizo un comentario que lo bajó del pedestal: “Escribe lo mismo, todo el tiempo, pero es bueno, definitivamente es bueno”

De inmediato pasó por mi cabeza de lo mejor, a lo peor y luego entendí que podría haber medias. Vaya, hasta los “mejores escritores” tienen sus debilidades, y existen fans de Stephen King que lo ven “realmente” como es y no se ciegan a su talento.

Todos parecían expertos en temas literarios: autores, géneros, libros, publicaciones y adaptaciones del siglo completo. Comencé a sentir mis ojos brillar de emoción al ver que había gente a la que realmente le apasionaba el hábito de la lectura. Me sentí una novata en el ambiente pero decidida a erradicar mi ignorancia.

Continuaron presentándose. Cada uno mencionaba un autor que para mí era poco o cero conocido, pero que ellos parecían conocer a la perfección. Por algún motivo que no recuerdo, alguien mencionó al autor que apadrinó mi primera vez en el consciente mundo de la lectura (¡Oh, alguien que conozco!) y lo tachó de basura y desperdicio de hojas, que solo los pequeños de mente se atreverían a leer. (“Zaz”, pensé).

¡Hey!, claro que me sentí un poco aludida, sino es que por completo, a decir verdad. Pero no por considerarme pequeña de mente, si no por mi falta de conocimiento en temas literarios. Quise pensar que era a esa pequeña mente a la que se referían. Continuaron hablando entre ellos diciendo pestes del trabajo de aquel autor mexicano. Yo sonreía paciente, recordé que no fue el único libro que cayó en mis manos cuando tenía 15 años, si mal no recuerdo, leí un par más. ¿Pero qué podía hacer? El libro me había gustado. Había más libros en casa del mismo autor y yo solo quería seguir leyendo.

Cuando tocó mi turno, dije mi nombre, cómo había llegado al taller y qué leía en ese momento (Eleanor y Park, iba por la mitad) y omití con descaro la pregunta sobre lo que me impulsó a continuar con la lectura, pero el maestro me lo preguntó de nuevo y no tuve otra alternativa que responder.

Para eso tenía dos opciones: Mentir al gran grupo de expertos frente a mí o admitir mi aparente falta de criterio al elegir al autor que me adentraría a tan bello hábito.

No lo pensé más, di mi respuesta real y algunos escucharon con atención y otros chasquearon la lengua. Pero no paré de compartir mi experiencia. Creo en la frase “Si no te gusta leer, es porque no has encontrado el libro correcto” y en ese momento, para mí lo fue.

Recuerdo haber encontrado el libro en uno de los estantes del librero de casa, lo tomé y pensé “Bah, leamos”. Terminé de leerlo y la sensación fue de reconocimiento. Es un pasatiempo que me acompaña desde entonces y ha evolucionado con el tiempo.

Con una trama que apenas recuerdo, hoy no me llama la atención releerlo ni adentrarme a otra obra del mismo autor. El género que más disfruto es distinto, pero la evolución continúa. Como en muchas ocasiones, siempre hay algo que te impulsa a hacer las cosas, y vaya sé que hay lectores que critican a la gente que lee el libro justo después de ver la película, y se vuelven “súper fans”.  Bueno, pues, ¡es válido!…

Hoy leo un libro que jamás pensé leer. No me gustan las historias de terror porque me dan miedo, no las disfruto, me estresan y me dan pesadillas, pero la sola idea de saber que la historia tenga una nueva adaptación el próximo año, me impulsó a tomar la sugerencia de un amigo de comprar el libro. Mi compañero de taller tenía razón sobre Stephen King, creo que estoy cediendo feliz a su talento.

Sandra Ramírez

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