Vínculos verbales

Cierto es que convivir un tiempo prolongado con una persona provoca que parte de su vocabulario se adhiera al tuyo. Frases, palabras, modos, incluso gestos. Es inevitable.

A pesar de ya no ser unos niños con la capacidad de absorción al cien por ciento, seguimos siendo una esponja que se impregna de cuanto puede (y cuando quiere, si es algo consciente). De pronto te ves expresando una idea con las mismas palabras que usa otra persona y en ocasiones podemos identificar de dónde (o de quién) provienen, pero en otras no. El resto de la gente a nuestro alrededor se encarga de enterarnos.

Esas palabras brincan de persona a persona y se quedan en algunas. No se convierten en algo único, pero sí en algo que puede caracterizar al individuo. A mí me gusta pensar que hay palabras y frases especiales; aquellas dentro de una amistad, por ejemplo, que sólo en ella pueden entenderse. Los integrantes les dan el significado, aunque éste no sea el más profundo en ellos.

Las palabras se convierten en un vínculo difícil de romper.

Una buena parte de mi vida la compartí con mi mejor amigo. Convivimos muchos años en los que se forjaron vínculos verbales que se transformaron con el tiempo. Algunos desaparecieron, otros permanecieron intactos. Nuestras palabras de despedida eran mi pregunta y su respuesta. Me es imposible no pensar en él cuando por algún motivo formulo la pregunta en otro contexto; la pregunta es simple, común, carente de significado para el resto del mundo pero llena de significado para nosotros dos.

Tengo la dicha de contar con amistades que permanecen. Con las que he formado esos lazos particulares. Creo que a todos nos pasa, todos tenemos esa complicidad, muchas veces inentendible para los demás.

Aunque las personas ya no estén, si los vínculos fueron fuertes, ahí quedarán. Se forman de la nada, se crean sin planearlo, sólo pasa.

Como mi inercia que reacciona al escuchar la simple muletilla “¿Qué te iba a decir?” e intento responder “que me amas”. Hoy es inevitable no recordar a quién pertenece ese lazo. La inercia es traicionera, y los vínculos son fuertes.

Sandra Ramírez

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