Suposiciones

¿Cuántos años tienes? –preguntó Liz.

Mañana cumplo 32­contesté.

¿Y no estás casada?

No.

¿Por qué no?

Pues, porque no.

Ya deberías estar casada y tener un hijo.

¿Y eso, por qué?

Porque ya estás muy, muy, grande.

Liz tiene ocho años. La conocí por media hora y al parecer después de tantas preguntas que hizo, de las cuales casi en todas mentí, mostraba certeza de lo que yo debería estar haciendo con mi vida. ¡Ay, Liz! Ojalá, no te vuelva a ver.

A diferencia de ella, yo no logro tener esa certeza de lo que significa ser muy grande. Y creo que muchos tampoco.

Recuerdo que en la secundaria la maestra de español nos pidió de tarea que hiciéramos una lista: cómo nos veríamos, qué estaríamos haciendo y qué habríamos logrado a los 20, 30 y 40 años. Tardé todo un fin de semana para hacerla. No era una lista cualquiera, era, a mi parecer, escribir mi destino sabiendo que todo lo iba a lograr. La lista la memorice punto a punto y la tiré a la basura.

Entre más cumples años la gente se empieza a interesar más en tu vida que en la de ellos mismos. Aprueban y juzgan con tal libertad que asustan. La verdad que yo no me he salvado de eso. Ya estás en edad de merecer. Y yo digo: ¿merecer qué? Apúrate porque se te va el tren.  ¿Pues a dónde tengo que ir?, déjalo que se vaya, ya vendrá otro. Muchas personas necesitan ponerte en un lugar donde visualmente encajes y no estorbes.

Entre los muchos placeres de la vida en la que ahora ¿estoy?, tengo y aprecio amigas con 5, 10, 15, incluso 20 años mayor que yo. Esto no quiere decir que entre más edad ellas sean más sabias. La verdad es que no – no todas-. Pero sus temas de conversación suelen ser muy interesantes. Tengo un espíritu viejo dijera un amigo de 50 años.

A los 32 se supone –según mi lista– que ya debería estar casada. Tener dos hijos. Una casa con chimenea y un gato angora.

Me pregunto si todavía las maestras piden esa clase de lista a sus alumnos, lista que luego viene a retumbar en la cabeza de los pobres cuando se ve que no se ha logrado. Una lista de suposiciones de vida.

A pesar de todas esas ideas modernas de la mujer, la gente tiene una necesidad inmediata de opinar sobre vidas ajenas. A los 30 empieza una especie de cacería de la que estoy segura nadie se salva.  Y ya no hablar de las de 40. Solteras. Sin hijos. O solteras con hijos. La cosa se vuelve peor. Dijera la vecina de mi mamá: pobre mujer que vive así, tan buena persona que se ve.

No voy a negar que de repente me entraba cierta mortificación por esa lista que no lograba completarse y estaba lejos de parecerse a lo que hoy vivo. Pero qué más da si es sólo una lista. Una lista a la que se le pueden agregar y quitar cosas.

Quizá sólo deba de preocuparme por dónde está mi AFORE y cuantos puntos tengo de INFONAVIT. Y dejar que la gente se siga preocupando por mi vida porque a veces, en serio, ando bastante ocupada.

Asenat Velázquez Jiménez

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