PROPÓSITOS

Estoy consciente de que todos los días empieza un año nuevo; es decir, de que diariamente volvemos a un punto familiar en el calendario. Ahora las redes sociales se encargan de recordárnoslo. Según Facebook, un día como hoy de 2012 visité Mérida por primera vez, mientras que en 2009 tenía entre mis manos a un gatito de nombre Bestia que perseguí con una amiga entrañable por las calles de Xalapa.

Pero aun así, no me libro de caer en la tentación colectiva de imaginar que un cambio de números ofrece la oportunidad de un cambio vital. Cada diciembre hago diligentemente mi lista de propósitos y me vislumbro dentro de un tiempo elástico como el de todos los sueños. Organizo mis actividades para tener la mayor cantidad de tiempo libre y hago cálculos con las horas ganadas. En mis fantasías de año nuevo, tengo horas de sobra: tomo siestas larguísimas, cocino tres veces al día, mantengo impecable el estudio, arreglo el jardín y leo sin control mientras bebo tisanas de frutas y recibo un masaje de pies.

Pero con el paso de los días me voy dando cuenta de que, como bien me dijo una amiga, mi vida no es esa, como tampoco es la de los recuerdos de Facebook. No importa cuántos cálculos haga porque soy de esas personas que nunca tendrán tiempo para arreglar el jardín. En la segunda semana de enero, descubro invariablemente que mi horario está lleno de actividades que hacen que descarte las siestas y la comida gourmet tres veces al día. Porque la verdad es que en el fondo no me interesan las siestas ni la comida gourmet (o al menos tres veces al día). Así que mientras trato de arreglar mi vida en una hoja hasta que se parezca a una vida que alguna vez pensé que era ejemplar, en los hechos hago todo lo posible por que mi vida sea la que es. Con esto, no quiero decir que los propósitos sean en vano. Es loable hacer ejercicio, tratar de comer mejor o tener tiempo de descanso. Pero tampoco está de más aceptar la vida como es. Porque debo confesar que detrás de esa fotografía en la que acaricio feliz a un gato, había un escritorio desordenado y un jardín sin flores que ahora son lo de menos.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s