Me acuerdo

Me acuerdo[1]

Dicen que el inicio del año es siempre un buen pretexto para hacer ajuste de cuentas y, por muy arbitrarias que nos parezcan las pautas impuestas por el calendario, hay veces en que uno no se resiste a hacer el balance. En mi caso, los criterios para distinguir entre lo bueno y lo malo, lo favorable o lo desafortunado, han perdido la brújula. Del año que “concluye” sólo me queda el flujo de los recuerdos, como una memoria que vuelve a ratos y a ratos se va:

Me acuerdo de haber dado un paseo en bicicleta la última tarde del año viejo.

Me acuerdo de no haber pensado en propósitos de año nuevo.

Me acuerdo de haber aprendido, otra vez, a rodar sobre el piso como cuando era un bebé.

Me acuerdo de alguien diciendo que la literatura a veces sirve “para ver en lo feo lo que los felices quisieran olvidar”.

Me acuerdo de haber leído “Pasaje de fuego” y haber sentido una profunda tristeza por quienes no conocen la belleza que hay en la poesía.

Me acuerdo de haber caminado por la calle 43 del centro de esta ciudad y haber regresado involuntariamente a los años de infancia en el pueblo.

Me acuerdo de haber visto, por enésima vez, “Volver” de Pedro Almodóvar y de haber llorado al final como todas las veces.

Me acuerdo de ciertas tardes caminando en la playa, con el sol duro sobre mi espalda y el agua fresca a mis pies.

Me acuerdo del Brexit.

Me acuerdo de la abundante vegetación que habitaba en un terreno donde ahora hay un centro comercial.

Me acuerdo de haber coincidido con mucha gente nueva.

Me acuerdo de haber intentado varios proyectos.

Me acuerdo de haber ido a desayunar waffles con una de mis personas favoritas.

Me acuerdo de haber renunciado a mi trabajo.

Me acuerdo de haber visto innumerables fotos de explosiones, cadáveres, manifestaciones, atentados, ciudades convertidas en escombros, rostros sin esperanza.

Me acuerdo de haber considerado mudarme de ciudad.

Me acuerdo de no haber sabido cómo despedirme de alguien para siempre.

Me acuerdo de haber iniciado un círculo de lectura de obras de teatro.

Me acuerdo de haber nadado en el mar y jugado con las olas.

Me acuerdo, muy poco, de los Juegos Olímpicos en Brasil.

Me acuerdo de haberme sentido inmensamente feliz al renunciar a mi trabajo.

Me acuerdo de un par de mantarrayas nadando en la orilla del mar.

Me acuerdo de haber fracasado en varios proyectos.

Me acuerdo de haber viajado a una ciudad cercana, cálida y luminosa.

Me acuerdo de haberme enfermado de Zika.

Me acuerdo de haber considerado mudarme de país.

Me acuerdo de haber presentido el amor y la muerte en sueños.

Me acuerdo de haber confirmado mis presentimientos.

Me acuerdo de haber leído: “Dicen las estrellas que los fugaces somos nosotros”.

Me acuerdo de haber pensado que a veces los sueños sirven para regalarle a quienes queremos aquello que no pueden tener en la vigilia.

Me acuerdo de haberme sentido profundamente perdida.

Me acuerdo de haber pensado, muchas veces, muchos días, que nada entiendo del alma humana.

Me acuerdo de haber considerado mudarme de planeta.

Me acuerdo de haber sentido gratitud por la gente de risa fácil y genuina.

Me acuerdo del sol y la brisa de la mañana a través de mi ventana.

Me acuerdo de haber borrado de mi vocabulario la palabra culpa.

Me acuerdo de haber leído: “no hay hechos menores, cada día es un poema” y de haber creído que era cierto.

Me acuerdo de no haber sabido qué hacer con la muerte.

Me acuerdo de haber cumplido años un día en que me sentía plenamente libre.

Me acuerdo de haber llorado hasta sentir que me ahogaba.

Me acuerdo de haber viajado a una ciudad llena de neblina y recuerdos entrañables.

Me acuerdo de no haber querido dejar la ciudad llena de neblina y recuerdos entrañables.

Me acuerdo de haber leído, una vez más, “Los fantasmas” de Jorge Fernández Granados.

Me acuerdo de haber seguido las elecciones en Estados Unidos de Norte América y haber sentido un enorme desasosiego en el pecho.

Me acuerdo de la sonrisa de mi sobrino al abrir la puerta.

Me acuerdo de haber regresado a esta ciudad en medio de un diciembre caluroso y ajeno.

Me acuerdo de haber adoptado un perro pequeñito en cuya mirada se sintetiza el amor verdadero.

Me acuerdo de no haber paseado en bicicleta la última tarde del año viejo.

Me acuerdo de haber estado contemplando el cielo la última noche del año.

Me acuerdo de no haber hecho propósitos para el año nuevo.

 

 

[1] Al estilo de Joe Brainard, al estilo de Georges Perec y otros muchos.

 

Karla Marrufo

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