El dilema de los gustos que sólo son eso o quizá no

Por años estuve segurísima de que mi color preferido era el amarillo. En primaria, cada que me daban a contestar un chismógrafó[1] y me topaba con “¿cuál es tu color preferido”?, escribía sin dudar: amarillo. Pero hace poco, ya con bastantes años más encima, me hicieron de nuevo esa pregunta. Contesté “amarillo”, pero luego pensé: ¿en serio? Entonces realicé un inventario mental de mi guardarropa  y no encontré ropa amarilla (si acaso una blusa que casi no me pongo), ninguna pared en mi casa es de ese color, ni un solo mueble o una libreta o la funda de mi celular: nada. Y tuve una revelación: me di cuenta de que todo en mi vida era un engaño, que yo era como la Julia Roberts de Runaway bride que no sabía si le gustaban los huevos revueltos, benedictus o estrellados porque siempre elegía los favoritos del prospecto en cuestión.

Me escandalicé, por supuesto, pero me tranquilizó un poco pensar que tampoco era idéntica a la runaway porque, para comenzar, mi gusto por el amarillo no tenía relación con ningún niño.

Recordé el día que elegí ese color. En esa hoja del chismógrafo, la mayor parte de las niñas había escrito rosa, los niños azul, negro, verde o blanco, pero nadie, absolutamente nadie había dicho amarillo. Entonces ese fue el que elegí. Porque aunque seguía las normas y reglas socialmente aceptables –ñoñaza forever–, en mi interior siempre ha existido una parte que lucha por ser diferente. Por rebelarse un poco.

Después de eso dediqué un par de días a repasar mis gustos para ver si, así como pasó con el amarillo, encontraba otro gusto adquirido en la infancia que más que hablar de mis preferencias, me hablara de quién era yo,  pero no encontré ninguno tan revelador como ése .

Mi amor desmedido por el sushi y el chamoy así como mi aversión férrea hacia el aguacate, la papaya, las lentejas y el pastel de tres leches sólo habla de lo que no quisiera toparme cuando me siento a la mesa. De nada más.

Y, por cierto, luego de un profundo y serio análisis cualitativo y cuantitativo supe que, aunque quise alejarme del cliché, mi color preferido sí es el rosa.

Alisma De León

[1] Cuaderno, por lo general Scribe forma italiana, en el que cada página constaba de preguntas que debían ser contestadas por todos los de un salón o un grupo de amigos. Puede decirse que el chismógrafo era el padre del Facebook de la actualidad.

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