Libre empatía

Creo que es imposible ser completamente empáticos, conscientes y tolerantes, porque también el amor propio existe. Creo que el equilibrio entre ambos es parte de la belleza que nos forma como seres humanos.

Ser empáticos es un sentimiento que nos nace, pero también es una decisión.

Ver a través de los ojos de la otra persona no significa alejarnos de nuestra esencia. Somos individuos con una manera de pensar, una historia escrita tras nosotros, vínculos que nos forman y cicatrices que nos recuerdan dónde hemos estado. Elegimos ser empáticos de acuerdo a eso.

Mantener nuestra postura y al mismo tiempo ser abiertos al sentimiento y opinión de los demás también es parte de nuestra definición y calidad humana.

En nuestro andar y convivencia con el resto del mundo, seguramente hemos pensado que el otro está feliz mientras nosotros estamos decaídos. Por añoranza. Deseamos estar felices “como él”. Felices “como ella”.

Es más común compararnos con el resto cuando nuestra vida va mal. ¿Qué pasaría si cuando es a la inversa, abrimos un poco más los ojos y nos volvemos empáticos aunque no sea exactamente algo que hayamos vivido?

Las actitudes disfrazan sentimientos, no todos malos, pero tampoco todos buenos. No podríamos pensar por todo el mundo y olvidarnos de nosotros mismos. Es solamente tener un espacio especial en nuestra mente para darnos cuenta que el resto también sufre.

¿Cuántas veces hemos cerrado la boca y empujado un sentimiento hasta las entrañas para no dejarlo salir? Por temor, por dolor, por vergüenza u orgullo.

¿Hemos pensado que no somos los únicos?

La gente se rinde todos los días. La gente sana todos los días. La misma que se guarda sentimientos es la misma que los hace explotar en otro momento.

Jamás quedarán en las entrañas. Salen con palabras en tonos agresivos,  con llanto, con violencia y si no es así, la opción del cuerpo es quejarse dejando entrar alguna enfermedad.

Disfrutar la felicidad que sentimos no es un placer culposo. Es algo que deberíamos disfrutar al cien. Alargarlo, compartirlo, atesorarlo. Y ese es el motivo por el que viendo la tormenta caer sobre alguien, pudiéramos ponernos mentalmente en su lugar y pensar en el sentir del otro. Porque hemos estado ahí, en una situación indeseable y sabemos qué tan miserable te puedes sentir cuando no deja de llover sobre ti.

Nuestro impulso natural es pensar en lo que el otro hizo mal. Juzgar de acuerdo a nuestra opinión fría, sin antecedentes en el caso, pero especialista en lo propio.

La belleza de ser humano es la decisión. Nuestros valores pueden jugar un rol más importante.

Podemos ser empáticos sin dejar a un lado nuestra felicidad, nuestra opinión o nuestras enseñanzas. Darnos cuenta que no todos vivimos lo mismo, cada quien es fuerte en su propia medida, pero no tenemos la misma fortaleza, a veces necesitamos que alguien nos la comparta.

Sandra Ramírez

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