Salidas de emergencia

A veces parece que me preocupa todo. Me mortifica, por ejemplo, haber dejado abiertas las perillas de la estufa. Me preocupa, incluso, cuando sé que ni siquiera he cocinado. Imagino que al sonar el despertador me levanto aún dormida, bajo a la cocina, enciendo la estufa, entra un soplo de aire que la apaga y las perillas del gas quedan abiertas.

También pienso que no cerré las puertas de la casa o el portón. Al dormir, me persigue la sensación de que ocurrirá una emergencia y me encontrará por completo desprevenida. El pasado no me apura, lo que me mortifica es qué podría suceder, sucedernos. Y ni el plano psíquico se salva: hay días en que me angustia pensar en la persona que soy, lo que debo corregir, e incluso, me mantiene despierta ese otro yo en el que puedo convertirme si no presto atención a todo.

Por supuesto me alcanza tiempo para preocuparme por factores incontrolables como Trump; el clima; el futuro de los que quiero; lo que sucede en mi país, en mi ciudad; el precio de la gasolina; el racismo; la xenofobia; la homofobia y hasta el destino.

Como solución a esto me he inventado lo que denomino: salidas de emergencia. Pequeños trucos que mitigan mi escasez de control ante los acontecimientos. Como dormir con las llaves del carro y la casa a un lado de mi cama, arrancar hasta confirmar que el portón se cierra, no ver noticieros, dejar de leer los periódicos, apartarme de twitter a las siete y media de la mañana que es cuando Trump tuitea, comprarme un amplificador para escuchar música mientras bailo en la cocina, devorar un trozo de pan de elote o una bola de nieve, ir por una bolsa de gomitas y comerme las rojas, ver Netflix, leer un cuento, alejarme un poco de la vida y lo que hay en ella que no me gusta y concentrarme en apapachar y dialogar con quienes quiero, hablar incluso de lo que pasa en el mundo, aunque esto irremediablemente me devuelva a Twitter y entonces abra enlaces, lea noticias y me sienta con la obligación de escribir de esos acontecimientos que pasan y no me gustan para luego compartir una nota o un enlace o una foto y así no olvidar que las cosas suceden aunque nosotros pongamos pausa.

Alisma De León

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