Qué hacer en caso de simulacro

Guarda la calma y sitúate en las circunstancias de un peligro posible con la tranquilidad de saber que no corres ningún riesgo.

Evalúa la situación. Para esto será de mucha utilidad mirar a los demás, en los rostros de angustia o la risa nerviosa podrás comprobar que se trata de un simulacro. A fin de cuentas, es en la mirada ajena en donde se encuentran muchas de las respuestas.

Puede darse el caso, quizá por el poder de la sugestión, de que sientas que estás a punto de incendiarte, que se te calienta el cuerpo, que te cuesta respirar. Aun así, será mejor que actúes con la tranquilidad de quien conoce que esto es casi un juego, que no vas a morir hoy, no en este edificio ni con estas personas.

Lee los signos del antes: ¿Viste algo raro en las últimas horas?, ¿los animales se comportaron de forma diferente?, ¿se te erizó la piel sin razón? Si en la reconstrucción del pasado cercano no encuentras los rasgos premonitorios de la catástrofe, respira.

Evita hacer el repaso de tus faltas, de los adioses pendientes y de los pecados menores, eso sólo agravará tu estado de agitación y te impedirá, en caso de que esa sea la consigna, salir ordenadamente del lugar.

Algunas veces, durante el simulacro, se hará un corte en la energía eléctrica para dar una mayor sensación de realismo, para ayudar a los que les es difícil creer. En ese caso deberás guiarte por las paredes y los cuerpos. Toma una mano, la primera que encuentres, y no te dejes obnubilar por la aparente intimidad del momento.

Por los próximos minutos no eres más un individuo. Formas parte de un grupo y, como tal, debes olvidarte del albedrío y demás aptitudes individualistas. Tenlo presente.

Refúgiate en la condición de mentira de todo simulacro, recuerda que está en su naturaleza hacerte creer que caminas en la orilla del abismo sin que esto sea cierto.

Es el fingimiento, ese de pacto de ficción entre los participantes, lo que te pondrá a salvo así que hazlo bien. Si es posible mantén un rostro sereno y repite hacia tus adentros “esto es un simulacro”.

Alguna vez una mujer deseó que la emergencia fuera real porque de esa forma habría encontrado un uso práctico para el pánico que ya traía consigo, pero esos son casos muy aislados.

Tú, que no eres un caso aislado, sitúate en el punto de reunión y, una vez congregados todos, alégrate de que la mayoría de ustedes se habría salvado. Resalta las virtudes de tus compañeros, el liderazgo de una, la serenidad de aquel.

Durante el resto del día prescinde de las conversaciones acerca de la inminencia de la muerte y aborda temas neutrales como las noticias o el clima.

Por la noche, justo antes de dormir, alégrate de haberte apegado al guion, de haber colocado la razón por encima del impulso. Algún día la emergencia será real y la práctica del simulacro fortalecerá tu creencia de que ese día estarás a salvo.

 

Lolbé González Arceo

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