Queriendo cambiar de vida, moviendo muebles

Cuando vivía con mis padres, en mi recamara movía los muebles por lo menos una vez al mes. Era una necesidad de ver el espacio diferente. Movía la cama; donde nace el sol o donde se oculta, pegada a la ventana, incluso llegué a ponerla en el centro de la recámara donde estorbaba. Movía el librero, el tocador, los muñecos de peluche, siempre para verlos en un lugar diferente, sin saber por qué.

Un día me encontré un libro. Feng Shui para mexicanos. Ese libro que encuentras solo en momentos de desesperación. En contraportada el libro me preguntaba: ¿cuándo fue la última vez que pintaste las paredes de tu casa? ¿Hace cuánto tiempo que no haces limpieza general? Y yo soy una persona que, si en un libro viene escrita una pregunta, pues le contesto. También decía: Quizá esa falta de mantenimiento o esa decoración que ya no te gusta hace que la energía se estanque en tu casa. Y yo dije; ¡claro! Eso pasa. La energía se está estancando. Aún no llegaba a los veinte años y sentía que mi energía y buenas vibras no andaban bien.

Me enfoqué en el libro que con varios pasos harían que mi Chi mejorara.

1.- Deshacerse de todos los objetos que estén rotos, descompuestos o que nunca usamos. Y me decía: ¿en qué bote de basura aviento mi corazón? Paso número uno, sin éxito.

2.- No conservar periódicos o revistas viejas. Tenía una gran cantidad de revistas de todo tipo. Recortes de periódicos y los suplementos dominicales de cultura. Paso dos, sin éxito.

3.- No permitir que se acumule la basura en nuestra casa; hay que sacarla todos los días. Paso tres, con éxito. Las moscas jamás las he tolerado.

4.- No debemos tener focos o lámparas descompuestas. Velas: rojas, blancas y una en forma de cirio. Porque los focos siempre se fundían. Paso cuatro, sin éxito.

5.- No tener un cuarto lleno de cosas viejas que no utilizamos y que sólo tengamos porque nos traen recuerdos. Mi recámara era ese cuarto que estaba lleno de cosas viejas que me llenaban de recuerdos. Dentro de mi recámara tenía un baúl donde guardaba más recuerdos, pero que no quieres tener a simple vista. Punto cinco, sin éxito.

6.- Regalar la ropa que ya no usamos a alguien que pueda aprovecharla. Engordé. Y tuve que regalarla. Punto seis, sin éxito.

El libro decía todo lo bueno que pasa con nuestra vida cuando acomodas las cosas como debe ser. Lo hice. Pero no funcionó. Hace 14 años no funcionó.

Esta semana moví muebles en mi propia casa. La sala cambió de lugar, el comedor está en otro. Mientras acomodaba una cortina me acordé de aquel viejo libro al que casi le rompo las hojas.

Sé que en el fondo uno mueve los muebles con toda la intención de mover nuestra vida. Ésta que de vez en vez se estanca. Deja de fluir. Se vuelve una estatua de barro pesada, sin gracia, que no es digna de exhibir. Movemos mesas, sillas, el librero, cambias el tono de luz, compras nuevos objetos, lo haces todo, y queremos que mágicamente las cosas nos hagan el cambio que tanto necesitamos.

Hay nuevas fotografías colgadas en la pared y sé que quiero regresar a esos lugares, a esa playa donde pasé una buena noche y desperté sólo para ver salir el sol.

Con el mismo corazón desganado, con la misma mente llena de dudas, nos sentamos en un rincón para disfrutar de nuestros nuevos cambios. De nuestros nuevos arreglos. Cambiar los muebles porque no tenemos la valentía de cambiar nosotros.

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