Sueños perpetuos

No sé de dónde vienen mis ganas de viajar.

Conocer el mundo, visitar lugares, comunes y no tanto. Escoger un destino, buscar vuelos, revisar itinerarios, preparar la maleta y esperar el despegue.

Disfruto los viajes en carretera, escoger la música perfecta y dividirla en carpetas virtuales. Una por si quiero pensar y filosofar acerca de mi vida mientras conduzco, o sobre la existencia y los errores cometidos. Otra por si quiero imaginar mi propia película romántica, desde el inicio y hasta el momento en que aparecen los créditos porque lo que sigue es tan extraordinario que no puede plasmarse en la pantalla. Y una más por si quiero cantar a todo pulmón sí caminaría quinientas millas y otras quinientas más sólo para ser quien camine mil millas para estar a la puerta del amor de mi vida.

Me encantaría viajar en tren. Probablemente aplicaría también el playlist perfecto quitando la parte de cantar a todo pulmón, aunque debo decir que existe la tentación de hacerlo solo porque sí, ¿qué más da?

No conozco Cancún, jamás he ido a Las Vegas. Me encantaría conocer España, pero preferiría por mucho ir a Japón. Querétaro es uno de los lugares por ahora accesibles para mí. Está cerca y dentro de mi presupuesto. No tengo que cruzar fronteras internacionales ni mucho menos el mar (lo cual no es queja, me encantaría también), pero por alguna razón, a pesar de eso y mis ganas por conocerlo, no he ido.

Hay prioridades dentro de mi lista de destinos, que cada vez crece más, pero es verdad que quisiera volver a algunos lugares ya visitados, por dos razones principales, una: creo que lo disfrutaría aún más. Reviviría momentos, crearía nuevos, actualizaría otros. Viviría una nueva aventura en un lugar conocido. Puedo comer en ese lugar delicioso una vez más o visitar algunos que no tuve tiempo la vez anterior.

La segunda es que creo que dependiendo de mi edad y la situación emocional en la que esté, las enseñanzas podrían ser diferentes.

Ahora que estoy rota, ¿qué puede enseñarme ese lugar al que viajé estando feliz? Ahora que estoy feliz, ¿qué me enseñarán esos paisajes que me levantaron en mi tristeza?.

Si algo bueno te pasa, viaja para celebrar, si algo malo de pasa, viaja para olvidar, si nada te pasa, viaja para que algo pase.

Esta es una filosofía que me encanta y por la cual he recibido comentarios como “no estás conforme con lo que tienes, por eso te gusta salir de tu ciudad”, “estás huyendo de algo, por eso no te gusta estar aquí”, o la que más me ha sorprendido “tienes problemas de estabilidad, por eso no te estas quieta”

Sin tomar en cuenta la mala intención en esos comentarios, puedo ver que es verdad: no estoy conforme con quedarme con las ganas de salir de mi ciudad, también huyo de cosas tóxicas. Y ¡no!, no me gusta estar quieta.

Me encanta la sensación de explorar un lugar desconocido, me fascina la emoción que provoca saber que llegaste de nuevo más allá de tus fronteras. No es mi sueño literal conocer todo el mundo. Tampoco quiero desterrar mis raíces para ir a plantarlas en otro lugar.

Dicen que deja de ser un sueño cuando lo conviertes en realidad, pero el mío es seguir comprobando que puedes vivirlos realmente. Seguir viajando, revitalizar mi vida en cada aventura. Aprender y vivir. Mi sueño es, simplemente, seguir soñando.

 

Sandra Ramírez

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