Ven conmigo y ve [1]

Para quienes se desaniman a veces.

Para quienes no saben cómo.

Para quienes han sobrevivido.

Para quienes están por nacer.

Ven conmigo y te diré. Súbete, observa por encima de mis orejas que son la espiral menos áurea que existe, ven y contempla desde ahí arriba cómo manufacturan sus nidos de hamaca las oropéndolas.

Ven y ve los sargazos rojizos desvelarse a la orilla de tus sueños y los míos, en la costa de este mar verde opulencia, y ve cómo nos ven nacer con cada ola.

Ven y ve los cabellos al viento de las mujeres de esta tierra y el calor en sus pupilas y en sus manos, en las bolsas cansadas de sus frutas y en las semillas de naranja que han dejado en las aceras.

Ven y ve las parejas de enamorados besándose a la luz de este sol de piedra, a la sombra que no existe bajo nuestros árboles y que imaginamos a veces como mundos de tarjeta postal.

Ven a desahogar tus instintos brujos, tus miedos, tus lamentos, ven y ve cómo el sol rebota siguiendo cada uno de nuestros pasos hasta aventarnos a una versión del paraíso ubicado al fondo de un tarro de cerveza.

Ven y ve cómo está lleno de amor por ti mi timo deforme y sus arritmias, mi uña más encarnada en el pulgar de mi pie izquierdo, mi estrabismo sin fin y los puntos suspensivos atascados en mis cuerdas vocales. Ven a verte renacer y sobrevivir en la piedra azul que he guardado en mis riñones.

Ven y ve cómo a veces podemos reírnos cual gallinas y ver que nuestra risa se eleva con un aleteo de mangos y cocodrilos.

Ven a verte sobrevivir en la lluvia promesa, en el cielo amarillo de inmortales lunas blancas.

Ven y ve a los gatos que abandonan la sombra para unirse en un duelo jadeante, amoroso, fértil, lleno de agudos espejismos donde siempre nos reflejamos.

Ven y ve cómo a veces nos morimos de tanto no saber de qué color son las dudas que nos cercan, las interrogantes que nos miran de frente como incitando al duelo. Ven a aliarte conmigo contra las torres de Babel y los gigantes.

Ven y ve cómo te llamo, cómo nos miro, cómo nos vamos por un sendero de agua tapizado de recuerdos que no fueron pero que siguen latiendo.

Ven y ve cómo lo ciudad es nuestra cuando el crujido y el humo entonan su canción más desafinada y uno se alegra porque sí porque a veces porque siempre porque nunca porque no hay más, porque camina y porque el sudor y el viento ardiente, porque está vivo, pues.

Ven y ve y te diré, todos los días, mira, aquí estamos, renacemos, sobrevivimos.

[1] Invitación estilo Palinuro.

Karla Marrufo

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