Rosas rojas

Hubo una ocasión que –malamente– todos en casa olvidamos. Despertamos, nos alistamos para ir a la escuela, mi mamá preparó el almuerzo, vistió a mi hermana pequeña y nos despidió a todos desde el auto al dejarnos en nuestros destinos.

Pasó la mañana sin ningún contratiempo. Normal. Como cualquier jueves.

En ese entonces todos nos reuníamos en casa de mi abuela para comer. Algunos permanecíamos ahí hasta ya entrada la tarde y regresábamos a casa, y otros, como mis tíos y mi abuelo, regresaban a trabajar.

Llegué pasadas las dos de la tarde. Dejé mi mochila en el primer sillón enseguida de la puerta y vi a mi papá sentado con mi abuelita en el comedor.

—¿Y cómo es que se te olvidó?— Preguntó mi abuelita desconcertada. Mi papá sonrió tímidamente.

—¿Qué cosa?— pregunté.

—El cumpleaños de tu mamá.

¡Zaz!

¡Era ese día!

Reviví en mi cabeza todo lo que había sucedido en el día y la naturalidad con la que fluyeron todos los acontecimientos. En ningún momento mamá dijo algo o hizo algún gesto que delatara su incomodidad.

Me sentí culpable. Hasta le dije que a lo mejor llegaba tarde porque había quedado con unos amigos después de la escuela. Al final sólo nos estuvimos conversando un rato y cada quien para su casa.

De pronto mi mamá salió de la habitación y me lancé a sus brazos.

—¡Feliz cumpleaños!

Mi mamá sonrió de oreja a oreja y me devolvió el abrazo.

Cuando llegamos a casa, mi papá le tenía sobre la mesa del comedor un enorme ramo de rosas rojas.

Nos disculpamos con ella. Todos estábamos apenados. No había excusa. Pero mi mamá siguió sonriendo, ahora mientras veía sus rosas rojas. Fue hasta el anochecer cuando, con su tono de regaño, nos dijo.

—¡¿Cómo que se les olvidó mi cumpleaños?!… Ahí, todo el día en el salón mis alumnos felicitándome y ustedes… ¡Nada! ¡já!

Platicamos sobre el tema durante la cena y no paramos de reír por un rato.

Mi mami es grandiosa. Dedicada, lucha y no se rinde jamás. Me enseñó a seguir adelante, a ser trabajadora y a hacer magia con las cosas que Dios nos pone enfrente. Me falta callo, pero ahí voy.  Aun sin ser una niña, las enseñanzas que me da, son para continuar mi formación.

Mami, te queremos mucho. Te quiero mucho.

Ahora estamos lejos una de otra, pero cuando te vea te daré los abrazos que me faltaron todos estos días y uno más grande por tu fecha especial.

¡Feliz cumpleaños!

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