PERDERSE EN LOS AÑOS

Hace un par de meses que vivo en otras coordenadas. En otro año. Cuando alguien me pregunta por una cita o un pendiente impostergable, no puedo hacer más que guardar silencio, abrir la agenda y repasar las hojas en blanco mientras intento recordar, aunque sea vagamente, los números, las fechas, los datos exactos que mi interlocutor exige.

Pero la verdad es que vivo en otro año y lo de revisar la agenda es un gesto inútil. Ni siquiera sirve que anote en una de las hojas en blanco la fecha que me piden con números gigantes o que marque los pendientes con plumones fosfo y letreritos de urgencia.

Esta vuelta atrás, este vivir en otro año, es algo irremediable.

Por eso, en lugar de pelearme con el asunto he preferido aceptarlo. Abro los ojos y con solo ver la luz me doy cuenta de que estoy otra vez en 1992, el año del eclipse, y que ahí afuera se siente exactamente el mismo calor, se respira la misma humedad cargada, el mismo brío de espejos contra el cielo. Otras, despierto y veo que estoy en 2009, el año que regresé a mi casa, y que las nubes lucen exactamente igual que aquellas tardes de café junto a amigos que, sin saberlo, me enseñaban otra vez por primera vez a hablar, a caminar, a reír, a comer.

Y es que al parecer llega un momento en que la vida se nos desborda. En que los recuerdos se acumulan y el cuerpo tiene que sacar los remanentes. La vida se nos ordena de maneras inusitadas: se nos ordena en la piel y basta un roce; se nos guarda en la nariz, y un aroma; en los dedos de los pies y la piedra en el zapato. Y de pronto el más mínimo estímulo, la hace estallar. O, mejor dicho, abalanzarse. Avasallar. Tal como una bola de nieve.

Así, de año en año, me he pasado los días de abril y los de mayo. Nunca sé en qué año voy a parar. Si voy a terminar el día sonriendo o extrañando tocar lo que apenas es un olor, el vago recuerdo de una voz que nunca volveré a escuchar. En todo caso, no importa. Si hago falta, búsquenme allá: en 2010, el año en que soñaba que para tanta vida sólo bastaría con una nueva.

Nidia Cuan

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