Las desventuras de Cástulo-escenario

Cástulo-escenario camina con dificultad porque lleva alrededor del cuerpo una complicada estructura en forma de caja, que empieza en la cintura y termina arriba de la cabeza. De este modo, su rostro queda enmarcado a los lados por cortinas de rojo terciopelo y lleva, hasta arriba, un foquito que solo enciende en ocasiones especiales, por ejemplo, siempre que tiene algo que decir.

Se rumora que proviene de un país en donde todos los bebés nacen niño-escenario pero conforme crecen se dan cuenta de que la audiencia les es necesaria para sobrevivir y por eso migran. También dicen que nuestro Cástulo-escenario era un tipo cualquiera que un día rompió el record de ventas de la farmacéutica, presentó una importante tesis postdoctoral o logró introducir un tornillo en la pared sin necesidad de usar taquete, algo así.

Al principio, Cástulo-escenario se moría de pena antes de hacer una intervención:

—Disculpe usted –decía– quisiera opinar algo.

Pero la atención es un talismán que una vez conquistado confiere valor a quien lo posee, así que empezó omitiendo las disculpas antes de hablar y terminó alzando mucho la voz en las conversaciones.

Él sabe que la soberbia es una telaraña vulgar que se instala y se va expandiendo en el interior de los que creen tener conocimiento. Por eso, Cástulo-escenario se acerca con un plumero de buenas intenciones, para explicarle a la enfermera cómo inyectar, al conferencista cómo mantener la atención del público y al niño por qué ese raspón de rodilla no duele tanto como para estar llorando. Para que no se les olvide que todos podemos aprender algo.

Dice el refrán que todos los caminos conducen a Roma pero para Cástulo-escenario todos los caminos conducen a la posibilidad de aportar algo. Despliega con inteligencia sus armas retóricas y de persuasión, de modo que, así se esté hablando de guerras o de uñeros, él logra dar testimonio de los puntos a favor, las curiosidades y las disidencias.

Por eso pasa las tardes estudiando una diversidad de tópicos. Tiene claro que no hay temas menores así que lo mismo conoce sobre alicates, toronjas y materialismo histórico. Practica frente al espejo discretas maneras de tomar la palabra: “les resultará curioso, pero…”, “por increíble que parezca…”, “este dato va a dejarte pensando…”.

Cuentan que una vez se enamoró de una mujer que lo acompañaba a todas las presentaciones. Pero un día Matilde no soltó carcajada alguna en la escena de comedia y él la exilió a la tercera fila de butacas. Poco a poco ella se mudó a la fila dieciséis y a la veintisiete, hasta que un día se fue del todo. Cástulo-escenario tardó muchísimo en darse cuenta y por eso no acertó ni siquiera a saber en qué momento debió de empezar a ponerse triste, así que dejó la tarea para después.

La gente comenta que Cástulo-escenario abandonó la ciudad hace mucho y que es posible que ahora se encuentre en Guatemala o en Perú, pero yo estoy segura de haberlo visto por aquí, explicándole las complejidades del mundo editorial a la directora de una revista.

 

Lolbé González Arceo

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