Sobre represiones y secretos oscuros

Fui una de esas niñas que sorprendía con comentarios como “nunca me voy a casar”… “Pero, ¿qué va a pasar cuando quieras tener hijos?” me preguntaban, y recuerdo que, desde mis cinco o seis años, contestaba con seguridad “pues voy a adoptar”. Claro, duuh, ¿no era obvia la respuesta? Adoptar era entonces la única opción porque yo no sospechaba que casarse no era un requisito biológico para tener hijos propios.

Continué con la idea antimatrimonio por mucho tiempo hasta que viví por poquito más de tres años una relación que creí sería la última, la única. Já, ¡a los veinte! Nunca hubo propuesta, nunca se iniciaron los planes. Por el contrario, resultó que mi pareja ni siquiera se veía en un futuro conmigo. Y qué bueno. Adiós, goodbye. Next.

Pero no hubo un next. Con los años comprendí que no necesitaba una gran boda ni una pareja para ser una mujer plena. Me gustaba –y me gusta– estar sola y disfrutar de mí misma. Y sí, pensaba en los hijos, aunque me incomodaba la idea de ser madre pensaba que si algún día me llegaba ese instinto recurriría a un acuerdo con la otra parte, un acuerdo en el que nuestras libertades no se vieran recortadas –sin querer queriendo es el único plan de vida que se ha cumplido.

Hace poco menos de un año inicié un Wedding Plan Folder. No sé bien en qué momento me surgió el interés por casarme, tal vez la edad, la maternidad, las parejas a mi alrededor, la presión social, o que me encanta hacer las cosas al revés, no sé. Mi obsesión comenzó con anillos de compromiso y de ahí salté a los vestidos de novia. Ahora colecciono fotos de jardines decorados, de ramos de flores, de tocados y peinados, hasta de bodas temáticas. Aún estoy segura de que la plenitud –o al menos la mía– no está ligada a la convivencia con otra persona. Pero por si se presenta la oportunidad: plan de boda: ⊗ checked.

¿Qué clase de tipa loca planea una boda que no sabe si sucederá, sin consultar al novio o sin siquiera tener un novio? Cualquiera que sepa lo que guardo en esa carpeta secreta –ya no tan secreta– podría salir huyendo. Seguido me causa conflicto la idea de querer casarme algún día: ¡puff!, me siento retrógrada, mocha, machista, idiota, ¡qué incómodo tener estos deseos tan ñoños! Tal vez en realidad soy, o me convertí en, aquello de lo que quería huir. No podré saberlo hasta que suceda, si es que sucede. La cosa es que aceptar el problema es el primer paso para curarse.

Por supuesto que también me atrae la idea de casarme conmigo misma, de enamorarme de la yo del espejo, de mis ideas tontas o locas, de mis inseguridades y de mis talentos. Llegar a admirarme tanto que por fin me decida a ir a la joyería y gastar mi sueldo entero en el solitario que más me guste; organizar una fiesta en grande sólo porque sí y usar el vestido que me parezca más lindo para la ocasión, para mí misma. Porque antes el amor propio que cualquier otro. Antes prometerme fidelidad a mí que a cualquiera. Antes aceptar pasar el resto de mi vida conmigo que con algún extraño.

Pero eso implicaría olvidarse de la utopía de tener quien lave los trastes cuando esté cansada, olvidarse de tomar el teléfono y quedar para una cena romántica, olvidarse de la posibilidad de recibir un masaje al llegar a casa después de un día largo, y sobre todo, significaría olvidarse de que también es posible encontrar el hogar en otros labios.

 

Abby García

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s