Antípodas

La soledad es una amputación no visible, pero tan eficaz como si te arrancaran la vista y el oído y así, aislada de todas las sensaciones exteriores, de todos los puntos de referencia, y sólo con el tacto y la memoria, tuvieras que reconstruir el mundo, el mundo que has de habitar y que te habita.

J. Millás

Dicen que exactamente del otro lado del mundo tenemos un antípoda, una suerte de doble cuya vida transcurre de manera paralela a la nuestra, pues su pensar, sentir y actuar encuentran eco en el devenir de nuestra vida y viceversa. Aunque la vida propia y la de nuestro antípoda se interrelacionen con tal intensidad, dicen que resulta imposible llegar a coincidir con nuestro doble, ya que en el momento en que decidamos recorrer la mitad del mundo para llegar al otro extremo, es muy seguro que nuestro antípoda haya tenido el mismo pensamiento y llegue al punto de donde hemos partido.

Recordando las pésimas decisiones que he tomado en la vida, imagino a mi antípoda (a quien por razones que ahora desconozco llamaré Emilia) maldiciéndome por meterla en problemas con sus padres, por ser irresponsable, por decir que sí a todos, por no saberse perdonar, por no arriesgarse lo suficiente. Pero también, evocando aquellas situaciones en que no logro explicarme las razones de mis actos y mis palabras, un gesto de reclamo hacia Emilia se me escapa hasta el otro lado del mundo.

Quizás ahora Emilia esté escribiendo algo sobre mí, mientras combate un obstinado dolor de cabeza en una ciudad ajena fundada a la orilla de un río. Debe encontrarse en un punto de su vida donde ha depurado sus días de preocupaciones y compromisos, y aspira a llegar en cualquier instante a una serena calma largamente añorada. O no, tal vez esté preparando una gran sorpresa para nosotras y que yo aún no he logrado identificar en mi pensamiento.        

Saber que Emilia existe podría ser un modo de evadir mi responsabilidad, de escudarme en ella y culparla por mis actos y omisiones. Sin embargo, también es una forma de estar acompañada, de no enfrentarme tan sola a esa reconstrucción del mundo que he de habitar y que me habita. Ella, ahí, del otro lado, debe estar pensando lo mismo.

 

Karla Marrufo

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