XXI. Daniela

7:51 am, Daniela aborda el tren en estación Tormenta.

Alguien le cede el asiento. No lo acepta, no lo necesita.

Inhala el aire caliente del vagón que huele a panqué horneado bajo pijamas. Hoy es la primera vez después del terremoto que sale “a la vida normal”: que va vestida para la oficina, que no estará en comunicación con gente que le era completamente desconocida hasta hace dos semanas.

También hoy es la primera vez que piensa nosotros viajamos juntos. Estoy segura entre nosotros. Para Daniela, ahora todo es nosotros. Nosotros esto. Nosotros aquello. En realidad Daniela no está segura aquí, como nadie que viva en este hoyo de corrupción, pero es fresco el descubrimiento del amor colectivo. Como vamos nosotros, estaremos bien. Nosotros es el círculo humano donde el terremoto sigue ocurriendo. El grito está al fondo de este silencio.

Observa a los jóvenes delgados que van a la escuela; a las mujeres, que curiosamente, ninguna va maquillándose; a los oficinistas; a los maestros; a los vendedores ambulantes. Los imagina con un casco amarillo en la cabeza; a todos sosteniendo una pala, una cubeta, una carretilla, charolas con comida; donde ve a alguien con un celular ahora ve a un conector, un organizador, un dador de ayuda. Se estremece. Los edificios siguen cayendo en ella y todo ruido es una alarma. Quisiera hacer algo pero los mira a todos y suspira, porque somos nosotros. Intercambia miradas que ahora no son esquivas. Los pasajeros asienten con la cabeza para saludar cuando son vistos.  La caída sigue y todos están despiertos bajo sus trajes y su ropa para el frío con los pulmones llenos de polvo.

Daniela no pudo llorar después del terremoto. Ni frente a las terribles ni corruptas noticias. Ni en las cuadras fantasmales acordonadas. Ni al mover la olla con el espagueti para cien personas; ni en los recorridos llevando ropa y almohadas. Ni en el albergue, cuando los niños reían y se correteaban sin voltear a ver a sus padres. Ni después de tres noches de insomnio y ansiedad. Fue hasta hoy, dos semanas después, a bordo de un vagón repleto de desconocidos.

 

Mónica Flores Lobato

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s