MIEDO Y MAGIA

“Los dos estamos idos de la mente/Desde que nos queremos/

Desde que nos amamos/ Los dos estamos idos de la mente /

Andamos como locos/Por el mundo perdidos.”

Canción del cantautor reynosense Cornelio Reyna.

 

Por momentos, ya sólo el miedo permanecía firme en mí. Carácter, valor y energía se me estaban apagando hasta casi agotarse. A cualquier hora y lugar me hostigaba el pánico. Ante una puerta, suponía tras ella hombres enmascarados; un tenue ruido natural de la casa era presagio de terribles invasores. Salir a la calle era opción insensata: temor a los asaltos, a las balaceras y a la violencia toda. Una vida condenada sin remedio a perecer, temerosa, debido a este entorno nuestro, peligroso, grave y nefasto.

Un día, sin buscarlo y sin esperarlo, de pronto, surgió el milagro, un remedio mágico: me enamoré.

Mis temores ya no me agobiaron más. Ahora, antes de trasponer un umbral, adivino tras la puerta figuras benévolas protegiéndome. Logro razonar que un sonido no siempre es peligroso, pues los rateros casi no hacen ruido. Si hay que salir a la calle ya no tiemblo, sólo me encomiendo a los ángeles del cielo, evoco a los corazones enamorados y me unjo todita de amor a la vida.

Aquí donde vivo es preferible andar “idos de la mente”, así como bien apunta la canción norteña. Así  se les dice a quienes dejan de lado el pensamiento racional, la consciencia del peligro, idos de la mente, o locos. Y todo cambia ante el poder del amor. Es una suerte de bálsamo divino amar y ser correspondido, sentir y vivir emoción, ilusión, pasión, cursilería. ¿Cursilería?  ¡Sí! ¿Y? El amor es fuerza inmutable y única, ha sostenido al ser humano a través de los siglos, y sólo así  hemos sobrevivido.

Una vida con miedo es muy dolorosa. Ya no quiero vivir el temor, ni tomarlo de tema para intelectualizar. Le voy más al sentir que al pensar. Por siempre y desde siempre ha sido así, más vale amar y ser amado, porque creo que nos eternizamos en  la magia del amor mutuo.

Así sí. Así sí deseo quedarme otro rato más en esta vida que nos tocó. En mi opinión, conviene, pues, enamorarnos y andar casi locos de remate.

 

Graciela Ramos

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