Deseos reciclados

Para quienes a veces olvidan

 

Luego recuerdo que a mí también me gusta vivir. Y lo recuerdo a pesar del cansancio y el calor. Me hablan de este gusto obstinado el sol rompedor y la serenidad de los gatos inmunes a la prisa y la tragedia, los árboles tirando hacia lo alto a pesar de la sequía, la indolencia del domingo y todos los pendientes acumulados en el escritorio. Y me digo que no importa, que realmente no importa porque sé que me gusta vivir al recordar aquella leyenda que dice que los espíritus de los muertos habitan en los objetos, las plantas y ciertos animales; y que cuando algún ser querido pasa cerca de esos objetos, los espíritus salen de ese habitáculo y se encuentran, por un momento, con sus seres amados. Entonces yo toco los objetos y hablo con las plantas y me digo que en ellos está el amor hecho espíritu y que todo va a estar bien. Y me acuerdo de que me gusta vivir cuando una canción yo adivino el parpadeo regresa de la nada de las luces que a lo lejos y me devuelve al todo de lo que alguna vez fue van marcando mi retorno. Hay días que así se me van entre no hay nostalgia peor, tráfico en las horas pico y añorar lo que nunca jamás sucedió. Y yo también me miro confiando en los encuentros y en la risa y en la mirada de quienes no saben fingir, y los abrazo a todos sin tocarlos, como si fueran ellos también el amor y el espíritu que todavía prevalece en esta dimensión. Luego fotografío los detalles y encuentro ahí la vida, esa que tanto me gusta y que según el día y la mirada se traduce en flor, en textura, en los colores de los mosaicos del piso más antiguo, en las formas de las nubes y en el tiempo perfecto del café, en la tela de la ropa que no siempre me atrevo a usar, y en fin, en esos sutiles espacios de cariño desde donde también se puede mirar pasar las horas. Recuerdo noches terribles y momentos aciagos, paréntesis donde el curso de la vida parece suspenderse con nuestro desgarramiento y nuestro dolor, pero luego viene la calma, la aceptación, la posibilidad de reciclar el deseo truncado y volver a empezar. Hoy recuerdo que a mí también me gusta vivir, tanto que, cuando muera, seguramente buscaré morada en objetos y plantas y animales que estén bien a la mano, en la taza del café de cada mañana, en la flor de mayo a la entrada de la casa, en el lomo de los gatos del barrio… y desde ahí les cantaré canciones ¿quién dijo que todo está perdido? a los seres que más amo y a los que podría llegar a amar yo vengo a ofrecer mi corazón…

 

Karla Marrufo

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