Los sueños de la Bella Durmiente

Durante su sueño de 100 años sólo las arañas sobre su cuerpo amaron a la Bella Durmiente.

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Besó minuciosamente cada centímetro de la Bella Durmiente, excepto sus labios.

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Cuando el beso del Príncipe no la despertó tuvieron que hacer uso del desfibrilador.

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No fue feliz para siempre. La Bella Durmiente sufre, ahora, de un feroz insomnio.

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Esperó inútilmente que la despertaran de su sueño de cien años, a los Príncipes no les gustan las mujeres mayores.

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La Bella Durmiente sueña, camina dormida, abandona el Reino, recorre el mundo, el príncipe envejece esperando su regreso.

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El Príncipe despierta a Bella, nunca le dice (a nadie) del hueco justo al lado de su lecho, esa silueta en su cama.

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El Bosque Negro nunca se detiene. Cuando llegó por ella, la Bella Durmiente era ya una raíz.

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El Príncipe despierta a todos con un beso. No le dice a nadie la excitación que sintió con los Caballeros.

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La Bella Durmiente no existe. Es sólo un sueño del Bosque Negro.

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En el Castillo todos le piden a la Bella Durmiente que les hable sobre el significado de los sueños.

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Las voces en su cabeza siguen durmiendo.

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Ha vivido más en sueños que en la realidad. No está aquí por entero. Al príncipe no le sorprende que flote.

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Los Príncipes aman la comodidad y la corte entera los protege, hay bosques oscuros donde nunca entrarán por muchas princesas que los esperen.

José Luis Zárate
@joseluiszarate

Princesas

(I)

La princesa llegaba tarde a todas partes. Se quedaba un momento y luego se marchaba. No dejaba más rastro que su olor impregnado en tu ropa.

(II)

Aparecía y desaparecía silenciosa por la casilla de cada recuerdo que tenía vigente sobre un interminable tablero de serpientes y escaleras.

(III)

Vertía en cada una algún recuerdo nuevo sobre este viaje que terminaba al visitar de nuevo el lugar que había servido como punto de partida.

(IV)

Soltaba entonces su cabello y se tumbaba en el sofá mientras destapaba una cerveza y miraba a sus serpientes devorarse al conejo de la luna.

Juan Carlos Chávez

@Genrus

Cuentos agónicos

I

Nunca supe que vivía en la ciudad de los cuentos hasta que vi cómo doblaron las páginas y salté del libro.

II

Sabía que no tenía tiempo que perder, sin narrador la historia se esfumaría. Los recuerdos volverían a la pluma que los escribió, el autor regresaría a su infancia y nunca escribiría sobre nosotros.

III

Recibí un fuerte golpe al caer. Mi vista era borrosa. Las voces seguían ahí. Mis manos, aún encadenadas, me arrastraban. Sentí escurrir mi espesa sangre entre los dedos. Mis párpados se cerraron y volví al mundo.

 

 

Por Damián González

Damián González (Reynosa, 1984). Narrador. Coordina Salas de Lectura dentro del Programa Nacional Salas de Lectura con “SORDOS Leyendo”. Miembro y promotor cultural comunitario en el Colectivo SEHRES. Participa en lecturas públicas con el grupo Literario Lomas de San Antonio. Obtuvo Premio Honorífico en el Certamen de Cuento Universitario 2004. Fue incluido en las Antologías Voces Literarias de la Frontera (2011), Palabra de Poeta Antología de poesía sobre poesía (ALJA, 2012), Brevedad urbana Antología de microrrelato en la ciudad (ALJA, 2012) y Confusión de cuerpos Antología de poesía erótica (ALJA, 2013).