Nos tocó ir de entierro

Repicaron las campanas de mi pueblo

sonaron tan metálicas y agudas

rasgando el silencio del sueño

sonaron las campanas y nos tocó ir de entierro.

 

Otra muerte más sin pizca de asombro dijeron los viejos

tan acostumbrados ya a vestirse de negro

las mujeres siempre puestas sacaron de sus bolsos el velo.

 

Pongan el ataúd al resguardo de cuatro fuegos

cubran lo de flores albas

y aromen lo con mil inciensos, que todo luzca solemne

que hoy nos tocó ir de entierro.

 

A las cuatro marcha el féretro

partiendo plaza como si fuera torero

tras él camina todo el pueblo

mudo, sombrío, aguantando el llanto y el lamento

 

Enmudecida el alma y atónita la razón

al final solo un grito al unísono se escucho

murió la justicia y la llevamos de entierro.

 

 

Por Norah Jauregui

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