Hay días

Hay días

 

Nadie a la vista

simplemente vida en el mudo fluir de mi presencia.

 

No soy siquiera solo

triste siquiera

la soledad fecunda

gesta en el aroma de otro

tiene nombre propio

luz de imposible

el humo de un cigarro la convoca

alberga en el abismo de las letras

los visos del vacío la imaginan  violeta.

 

Cuervos de Odín aletean sobre el paso solitario

el olvido

olvidado

desboca en sinsentido.

Casta de abandonados la estirpe de los soledosos.

 

Hay días en que el silencio no tiene nada que decirme.

 

 

 

 

Beso para un hombre solo

 

La luna ciega

luna ciega

luna muda

 

A su paso por mi noche

su luna luz me besa la mejilla

su lunabrisa pone las manos en mis hombros

los vientres entrañas de mi historia

lobos instintos en mis seres

calman la sed con agualuna

amamantan lunaleche

cierro mis ojos

memorizo

efímeras caricias lunamieles.

 

Nubes blancas o negras

¡no importa!

la luna es ciega.

Tañer de gozo o de lamento

¡no importa!

la luna es sorda.

Nada en común nada en desacuerdo

¡no importa!

la luna es muda.

Por Martha Izaguirre

Perfil

El oráculo

levanta mis manos para sujetarte

 

entonces sostienen que estoy loco

y que el oráculo no existe

 

que el ronroneo andante de un felino es parcial

que no lame el contorno ni las heridas

 

diplomáticamente establecen una que otra cosa cierta

 

sus abrevaderos son vacíos

es por ello que mi silencio es vano y unánime

 

infiero entonces de no conversar de cristales húmedos

de no tentar los bordes

de  no tocarte ni una mano.

 

Por Uriel Hernández

Nos tocó ir de entierro

Repicaron las campanas de mi pueblo

sonaron tan metálicas y agudas

rasgando el silencio del sueño

sonaron las campanas y nos tocó ir de entierro.

 

Otra muerte más sin pizca de asombro dijeron los viejos

tan acostumbrados ya a vestirse de negro

las mujeres siempre puestas sacaron de sus bolsos el velo.

 

Pongan el ataúd al resguardo de cuatro fuegos

cubran lo de flores albas

y aromen lo con mil inciensos, que todo luzca solemne

que hoy nos tocó ir de entierro.

 

A las cuatro marcha el féretro

partiendo plaza como si fuera torero

tras él camina todo el pueblo

mudo, sombrío, aguantando el llanto y el lamento

 

Enmudecida el alma y atónita la razón

al final solo un grito al unísono se escucho

murió la justicia y la llevamos de entierro.

 

 

Por Norah Jauregui

Dos sonetos cercanos (Variaciones a partir de otro soneto de Quevedo)

¡Oh Roma en tu grandeza, en tu hermosura,

huyó lo que era firme y solamente

lo fugitivo permanece y dura!

                                 Francisco de Quevedo, A Roma, sepultada en sus ruinas

1.         Del amor

En Ella buscas piel, ¡oh peregrino!

y  toda piel a su piel misma evade

pues ya será, también Ella, saudade

que beso a beso te marcó el camino.

Persisten hoy sus ojos como fuentes

desembocando en tu memoria viva

mientras se extienden al océano, puentes

a una verdad que no se va, que esquiva

los fríos silencios de esta mar de antes

de ti y de mí, de todos los que vamos

dulcificando esa verdad punzante:

saber pretérito lo que aún amamos.

En Ella buscas piel, y entonces sabes

que sólo es cierto el cuerpo que soñamos.

 

2.         De amor y de poesía 

En Ella buscas miel, ¡oh peregrino!

y  miel a su piel viva no equivale

pues ya será, también Ella, saudade

que verbo a verbo se tornó camino.

Tu canto sabe falso su destino:

hacer eterno el fugitivo instante

que se tendió su carne, que libaste

la diástole y la sístole del vino.

Te duelen hoy sus ojos como fuentes:

la eternidad se oculta en esas aguas

de naufragado verbo, de torrentes

en los que van quedándose tus barcas.

Sabes que nada puede lo que intentes

por conservarla en un vocablo

y callas.

Por Manuel Iris

@manueliris65

(México 1983) Poeta. Premio Nacional de Poesía “Mérida” (2009). Autor de Cuaderno de los sueños (Tierra Adentro 2009) y coautor, junto con el poeta brasileño Floriano Martins, de Overnight Medley (ARC Edições 2014). Compilador de En la orilla del silencio, ensayos sobre Alí Chumacero (Tierra Adentro, 2012). Ha publicado poesía, ensayo y traducción en revistas como Tierra Adentro (México), Casa de las américas (Cuba), Sibila (España) o Mapocho (Chile). Es licenciado en Literatura latinoamericana por la UADY, con maestría en Literatura hispanoamericana por la Universidad Estatal de Nuevo México (EEUU). Doctor en lenguas romances por la Universidad de Cincinnati (EEUU).

Car-to-gra-fí-a

Car-to-gra-fí-a

Recorrer una ciudad para amarla.

Tal vez de eso podría tratarse todo.

Lo digo porque tu cuerpo es una ciudad.

Lo digo porque tu yo no físico es también una ciudad.

Lo digo porque los sueños a veces son ciudades

y uno sale del sueño como quien sale de una conversación

o de un cuerpo

y no puede volver a casa

porque la casa es entonces el sueño

y la ciudad un cuerpo.

Lo digo porque a veces tus palabras

andenes / plazas / puentes

hoteles donde pasamos la noche y despertamos

en otras ciudades

en otros cuerpos.

Lo digo porque somos estos cuerpos

que son esos otros que somos.

Lo digo porque a veces

toda ciudad y todo sueño.

Lo digo porque quiero recorrer todos los sitios

donde alguna vez

alguien cruzó una calle o miró un semáforo

y se detuvo un instante.

Lo digo porque quiero trazar algunos mapas

y decir: en esta esquina, a la derecha

y saber que ahí está algo del presente

que construimos.

Lo digo porque tengo recuerdos

que son sueños y ciudades

y fotografías de cosas que nunca ocurrieron

pero sí. Como si el futuro fuera una ciudad

invisible que invocamos al tocarnos.

Lo digo como si el futuro fuera una ciudad

que se recorre si proferimos las palabras indicadas.

Tal vez de eso podría tratarse todo.

Invocar sueños o ciudades

para amarlas en futuros invisibles.

Para deletrearlas como quien avanza por calles

y avenidas.

Como quien frente al tráfico hace un alto

y decide tomar una ruta alterna.

Y la ruta alterna es un siempre recorrer más.

Registro #2

Hablábamos de cosas que caen

de cosas que al caer se precipitan hacia el lenguaje.

Hablábamos de piedras angulares

y otros asuntos de la pertenencia.

El verbo edificar.

El verbo rebobinar.

Hablábamos de los registros simultáneos.

De nuestra escritura entre todas las otras escrituras.

De entre todos nuestros cuerpos

hablábamos del que duerme del lado derecho de la cama.

De las constelaciones que tu mano dibujó

sobre mi espalda.

De asteroides y no besos

y del macho cabrío de Goya.

Hablábamos, sin duda

del polvo y las yeguas

que sucumben a los incendios.

De habitar tu risa hablábamos

como una casa o como una isla.

Hablábamos de fundar un reino

para producir el presente

de este hilo narrativo.

Hablábamos en femenino y en masculino.

Los cuatro hablábamos sin saber

qué decía quién.

Ordenanza

Lenguaje es cuerpo [inserte aquí la imagen del envío]

[inserte aquí no la imagen, el cuerpo]

[inserte no el cuerpo: las palabras que describen la imagen]

[inserte las palabras que son también cuerpo]

[inserte el cuerpo o la imagen del cuerpo]

[inserte lo que el cuerpo le dice a través de la imagen que lo representa]

[inserte aquí la representación del cuerpo]

[inserte sin palabras y sin lenguaje al cuerpo]

[inserte aquí la advocación, la invocación, el exvoto]

[inserte aquí no el cuerpo: inserte aquí el cuerpo].

Por Sara Uribe

@RaraUribe

(Querétaro, Qro., 1978). Poeta. Desde 1996 radica en Tamaulipas. Licenciada en Filosofía. Premio Regional de Poesía Carmen Alardín 2004, Premio Nacional de Poesía Tijuana 2005 y Premio Nacional de Poesía Clemente López Trujillo 2005. Becaria del FONCA, 2006-2007 y del PECDA, 2010 y 2013. Ha publicado: Lo que no imaginas (CONARTE, 2005); Palabras más palabras menos (IMAC, 2006); Nunca quise detener el tiempo (ITCA, 2008); Goliat (Letras de pasto verde, 2009); Magnitud –en coautoría con Marco Antonio Huerta– (Gusanos de la nada, 2012); Antígona González (Sur+, 2012) y Siam (FETA, 2012). Poemas suyos han aparecido en publicaciones periódicas y antologías de México, Perú, España, Canadá y Estados Unidos.